miércoles, 22 de octubre de 2014

Lou Reed, David Bowie e Iggy Pop: el lado oscuro del glam




La versión original de este artículo fue publicada en PopEtc., el blog sobre música y cultura pop de El País. Como el blog y todos sus contenidos han desaparecido de la web del periódico  y acceder a ellos no es fácil, he optado por rescatar el post y colgarlo aquí con otras imágenes. 

En 1966, el único ser humano que había escuchado a Velvet Underground en toda Inglaterra se llamaba David Bowie. Había sido mod, pop y psicodélico, pero a pesar de su determinación, la fortuna se negaba a sonreírle. Tras un viaje a Estados Unidos para intentar promocionarle allí, su mánager le trajo el acetato de un disco todavía inédito que le había dado el mismísimo Andy Warhol. Cuando Bowie escuchó The Velvet Underground & Nico, se quedó atónito y cayó rendido ante la audacia de Lou Reed y su grupo.

Tres años más tarde, Bowie conoció a Nico en Londres. Había dejado ya a los Velvet y acababa de editar su segundo disco en solitario. Por entonces mantenía un extraño idilio con Iggy Pop, cantante de un grupo de Detroit llamado The Stooges. Nico estaba obsesionada con Iggy (quien reconoció años después que ella  le enseñó lo que era un cunnilingus) y sólo quería hablarle de él a aquel inglés delgaducho y afeminado. Por su parte Bowie no tenía el más mínimo interés en el tal Iggy. Lo único que deseaba es que Nico le hablara de cómo Lou Reed escribió las canciones que tanto le habían conmocionado.

No sería hasta 1971, cuando los Stooges ya se habían desintegrado, que Bowie descubrió su primer álbum mientras le entrevistaban en una emisora de San Francisco. Y una vez más, volvió a ver el cielo abierto. El reconocimiento y el éxito seguían eludiéndole, aunque no por mucho tiempo más. En 1972 se inventó el personaje de un rockero alienígena llamado Ziggy Stardust. Mezclando la influencia de sus iconos -Velvet, Iggy, Bolan, Warhol-  y algo de music hall británico, Bowie no sólo triunfó por fin, también alteró la música pop inventando el glam y ayudando a sembrar las semillas de lo que, unos años más tarde, sería el punk.


Iggy Pop, Angie Bowie, mujer sin identificar, Trevor Bolder -bajista de The Spiders From Mars- y Lou Reed, Londres, 1972.


Ese éxito fue el nudo que interconectó las carreras de Bowie, Reed y Pop, una especie de alianza caníbal que generó un intercambio de influencias, favores, homenajes y envidias que dejaron su huella en la historia del rock. Una relación que Dave Thompson exploró en el libro Your Pretty Face Is Going To Hell: The dangerous glitter of David Bowie, Iggy Pop & Lou Reed (Backbeat Books, 2009) y que en menos de un año vuelve a ser revisada en el documental DavidBowie, Iggy Pop & Lou Reed- The Sacred Triangle (Sexy Intellectual). Tanto el libro como el DVD se complementan perfectamente, ya que aportan información sobre ese triángulo nunca equilátero cuyos tres lados compartían el gusto por las drogas, el sexo y lo decadente. Una materia prima que produjo momentos gloriosos a partir de 1972, cuando Bowie, ejerciendo de alma filantrópica y amparado por su arrasador éxito, se dispuso a redimir las carreras de sus dos ídolos. Porque si bien Bowie había revolucionado a la juventud británica con The Rise And Fall of Ziggy Stardust & The Spiders From Mars y se disponía contagiar al mundo con la ziggymanía, Iggy Pop no era más que un zombie carcomido por las drogas, un apestado del que las discográficas no querían oír hablar gracias al kamikaze legado, musical y profesional, de los Stooges (Se dice que Elektra quiso fichar a Humble Pie y a T-Rex, pero ambos se negaron a grabar en el mismo sello donde estaban los Stooges). En cuanto a Lou Reed, desde que abandonara a Velvet Underground en 1970, había estado buscando una identidad musical que no terminaba de encontrar.




Respaldado por Tony DeFries, un mánager capaz de sacar oro de un montón de estiércol, y por la productora MainMan, Bowie produjo a Reed, dándole su primer éxito comercial y colocándole al fin, con el álbum Transformer, en el lugar que merecía, en medio de esa escena glam que tanto le debía a Velvet Underground y a Warhol. En realidad, el peso del trabajo en el estudio recayó sobre Mick Ronson, que fue mucho más que el guitarra de The Spiders From Mars. Porque además de drle identidad eléctrica a Ziggy Stardust, también se reveló como un fino productor y arreglista en canciones como "Walk on the wild side" y "Satellite of love". Una vez hecho Transformer, Bowie se metió en el estudio -esta vez sin Ronson- con unos revividos Stooges e intentó encauzar aquel caos produciendo Raw Power. El disco no vendió nada pero su furia sónica dictó las premisas que el punk seguiría tres años después.

Ziggy Stardust, Transformer y Raw Power. Tres hitos de toda una odisea artística que se gestó durante 1971 y 1973 entre Londres y Nueva York, con la inestimable colaboración de personajes secundarios como Cherry Vanilla, Wayne County, Leee Black Childers,  Danny Fields y Angie Bowie. Una historia apasionante que sirvió para consagrar a tres figuras clave del rock & roll, cuyo reverso quedó sintetizado cuando Bowie recordaba una noche cualquiera en el Max’s Kansas City, el club neoyorquino por excelencia, en la que él, Iggy y Reed compartían mesa sin absolutamente nada que decirse, espiándose furtivamente el maquillaje entre ellos.





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