miércoles, 15 de octubre de 2014

Hablando con Nick Cave



Foto: Tom Oldham


“Las entrevistas son aburridas, las detesto. No me interesa en absoluto la idea de hablar sobre mí. Prefiero sentarme a trabajar en lo que sea antes que ponerme a charlar sobre ello. Odio hablar sobre lo que hago, le quita todo el misterio, toda la belleza”. Esta declaración de Nick Cave aparecía en un despiece sobre sus otras actividades artísticas que acompañaba al texto central cuando fue publicado en El País de las Tentaciones en primavera de 1998. No sé si esto procede de la transcripción de la conversación con él o lo saqué de algún sitio. Es una aseveración que me resulta demasiado familiar. La entrevista en cambio, como muchísimas otras cosas que he escrito en el pasado, me sorprende. No por su calidad -queda claro que entrevistar a este hombre por teléfono no ayuda a mitigar sus pocas ganas de ser entrevistado- si no por la vigencia de sus declaraciones. Rescatar viejas entrevistas casi siempre te produce esa sensación familiar. Cuántas veces ha de insistir alguien en lo mismo a través de los años para intentar ser comprendido. Y cuantas explicaciones había que dar en una época no muy lejana para contextualizar temas que hoy parece que ya son de dominio público.




Como el falso predicador encarnado por Robert Mitchum en La noche del cazador, Nick Cave escribió en los nudillos de ambas manos las palabras “amor” y “odio”. Lo hizo en 1987, para el vídeo de “The Mercy Seat”, canción que narra en primera persona los últimos pensamientos de un condenado antes de ser conducido a la silla eléctrica. Ocho años después registraría, siempre junto a su banda, The Bad Seeds, Murder ballads, un álbum compuesto por historias de crímenes. Las leyendas del sur profundo de los Estados Unidos, tan unidas al blues, inspiraron a Cave títulos como The Firstborn Is Dead (El primogénito ha muerto) o Your Funeral, My Trial (Tu funeral, mi juicio”). “Como escritor encuentro la violencia muy estimulante a la hora de crear algo –asegura Cave por teléfono desde su casa en Londres-, no sé explicar el motivo pero siempre ha sido así”. Violenta era la música que le dio a conocer, con The Birthday Party, a finales de la década de los setenta, una desfiguración del rock y del blues que se convirtió en una de las experiencias más punzantes del periodo postpunk. Tras la disolución de la banda, Cave fundó un nuevo proyecto en 1983, Nick Cave & The Cavemen, que inmediatamente pasó a ser conocido como Nick Cave & The Bad Seeds.




Tres lustros después se celebra la trayectoria de dicho grupo con un Best Of  en el que apenas tienen cabida los tópicos de este tipo de colecciones y menos aún, las concesiones. “Es un disco que define perfectamente el proceso que hemos seguido, ese movimiento que te lleva de la rebeldía inicial al estado de gracia, un trayecto que, según mi opinión, contiene la esencia de la creación. Primero desafías todo aquello que está impuesto, lo establecido, y te enfrentas a ello para después aprender a convivir y a aceptar eso mismo, hasta que se convierta en parte de tu vida”. Una recopilación que recorre los 11 álbumes del australiano en su etapa post Birthday Party y en la que se evidencia su acercamiento a las estructuras musicales y melódicas más clásicas sin que ello implique hablar de un autor convencional. “Ahora, lo que necesito es aprender a aceptar todo lo que he hecho en el pasado, es otro paso fundamental para alcanzar la madurez. De hecho, esta recopilación ha constituido para mí toda una sorpresa. Nunca escucho mis propios discos y confieso que me daba un poco de miedo volver a las canciones más antiguas. Por una parte me apetecía hacerlo, me parece un buen método para que la gente vea y comprenda todo lo que hemos hecho; por la otra tenía miedo de que hubiese desniveles entre el material de distintas épocas. Al final descubrí que todos nuestros discos forman una imagen coherente. Y también dejan patente lo fabulosos que son los Bad Seeds”.


Cave y PJ Harvey


Mick Harvey, su lugarteniente musical desde los días de Birthday Party y el berlinés Blixa Bargeld –miembro también del grupo experimental Einstürzende Neubauten-, son los pilares musicales de es fabulosa banda, que también ha contado con colaboradores como Barry Adamson o Kid Congo Powers, y que ha ido expandiéndose año tras año. “Yo me considero más escritor que músico, las letras son lo que más tiempo y mimo me reclaman, les dedico gran parte de mis esfuerzos cuando trabajo en una canción. Cuando entro en el estudio sigo concentrado en ellas y dejo que la banda cuide de la parte musical. Nuestro método de trabajo es muy sencillo: llegan, graban lo que creen que deben grabar y ya está, apenas se discute nada. Los Bad Seeds me sorprenden continuamente”.El matrimonio artístico entre Cave y su banda se inició con From Her To Eternity (1983) -un disco en el que los vapores tóxicos de Birthday Party aún flotaban en el ambiente- y se prolongó con títulos como Kicking Against The Pricks (1986) –un álbum de versiones que abarca desde Neil Diamond a Jimi Hendrix,  pasando por John Lee Hooker y Velvet Underground-; The Good Son (1990) –donde Cave y sus músicos abandonan claramente el espasmo exterior; hasta llegar al todavía reciente The Boatman’s Call (1997), un disco de “devotas baladas de amor”, tal como lo definía el propio Cave. “Supongo que de alguna manera hemos clausurado un periodo. Esta recopilación demuestra cómo los Bad Seeds han estado moviéndose siempre hacia delante. Hemos cambiado, somos muy distintos al grupo que nació hace quince años, pero nuestra obra es homogénea, la intención es clara. En el futuro habrá que buscar nuevos derroteros, lo cual me resulta altamente excitante, incluso sin saber cuáles serán estos. Eso significa que todavía queda mucho trabajo por hacer”.


Cave y Kylie Minogue

En la obra de Nick Cave habitan ángeles, condenados,  pecadores, seres temerosos de la justicia divina, mortales que pierden la gracia y otros que la alcanzan por medio del amor. “Alguien ha escrito una tremenda estupidez, que cuanto más deprimido estoy más inspirado me siento. Una majadería. Lo que me exige mi trabajo de artista no es lograr ciertos estados de ánimo sino estar abierto a nuevas sensaciones. Por eso escribo. Por eso es esencial estar listo cuando llega la inspiración, estar preparado para recibirla, porque es algo que viene de Dios”. Otra constante en su carrera, aunque quizá más soterrada, son las ciudades: en Melbourne surgió Birthday Party; en Berlín, los Bad Seeds; Londres y Los Angeles también han sido dos sedes vitales para Cave y Sao Paulo, la ciudad donde vivió con la que sería la madre de su hijo Luke. “Lugares diferentes, formas de vida distintas. Evidentemente, dejaron su marca en mis canciones. El clima, el ritmo de vida, la existencia en cada una de ellas me cambió. Nunca me he sentido atado a ningún lugar, no aguanto mucho tiempo en un mismo sitio. Londres es mi hogar actual, pero sólo por el momento”.




Durante todos estos años de trayecto ha habido también algunos capítulos al margen del grupo pero también muy reveladoras. Rehabilitar de cara al público al cantautor Tim Rose (versionado tanto por los Bad Seeds como por Einstürzende Neubauten) ayudándole a registrar un nuevo álbum. Colaboraciones con almas gemelas como PJ Harvey, Shane McGowan, Lydia Lunch o Die Haut; y hasta una tan inesperada como la que realizó junto a Kylie Minogue, con la que grabó a dúo “Where the wild roses grow” para Murder Ballads; un entente que hizo alzar las cejas a más de uno. “Me importa un bledo: me gusta como canta y eso es todo. No obstante, le compuse un tema que nunca llegó a grabar. Dijo que le imponía, tenía miedo de no estar a la altura. Una lástima porque era una canción muy bella”.






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