martes, 28 de octubre de 2014

Hablando con Lou Reed (2)





Esta entrevista se realizó en Madrid, en 2000, durante una visita promocional de Lou Reed. Acababa de publicar Ecstasy. La versión original del texto apareció en El País de las Tentaciones.

Lou Reed acaba de descubrir una foto suya que podría estar fechada en 1974. Un primer plano de su cabeza, con el pelo teñido de rubio. Pertenece a la época de los excesos. A los días en los que el asqueo por la imagen que se ofrecía de él (drogadicto, decadente, cínico), le incentivaba exagerar todavía más su personaje público, lleno de filos. 

-Mira, que hermoso diablillo -comenta sin dejar de contemplar la imagen.

Más de 25 años separan al Reed de la foto  del que hace unos instantes ejercitaba el tai-chi sobre la moqueta de un hotel de lujo. Ya no disfruta dramatizando su disgusto. Simplemente lo expresa con toda la ironía que le cabe en su delgado cuerpo. Bebe un refresco y picotea unas nueces. Fuma tabaco light y tiene un aspecto fresco y sano (el día de la entrevista cumplía los 58). Pero sigue habiendo muchos puntos de contacto con el Lou Reed rapado al uno, rubio platino. Un ejemplo: hay cosas que se la siguen trayendo al fresco; una de ellas es hablar con la prensa.
Si existiera un campeonato de tipos especializados en poner nervioso al prójimo, Lou Reed ganaría siempre. Todos los premios. Hablar con él significa enfrentarse a un humor corrosivo que es capaz de expresar sin mover un músculo de más de la cara. Eso incluye también la posibilidad de que acabe entrevistándote él a ti.

Lou Reed: ¿Qué te ha parecido la rueda de prensa?
Tentaciones: Eeeestoooo... amena.
L.R.: ¿Estuviste en el concierto de Barcelona? [Se refiere al concierto que ofreció en septiembre de 1998, durante las fiestas de la Mercé; alguien durante la rueda de prensa le ha echado en cara que en aquel concierto las primeras filas estaban ocupadas por políticos. Reed está mosqueado por eso y quiere sacarse la espinita como sea.]
Tentaciones: No, lo escuché por la radio. Se retransmitió y...
L.R.: Fue un concierto fabuloso. Muy divertido, todo el mundo lo pasó estupendamente. Fue nuestro concierto eléctrico y acústico a la vez. El sonido era impresionante. Y las versiones fueron excelentes. El sonido acústico te ofrece una energía ilimitada.




Sano y sobrio, Lou Reed sigue siendo el mismo tocanarices de siempre. Y además no tiene abuela. Si no, no sería Lou Reed.
“Todavía no he decidido cómo será el tratamiento sonoro de la gira que empezamos en abril. Quizá sea muy eléctrica, con un sonido muy pesado. Pero a lo mejor también tiene algo del sonido de Perfect night”. Se refiere al disco en directo que editó en 1998 y que se grabó con instrumentos electrificados que sonaban como si fueran acústicos. A estas alturas de la entrevista, creo insistir en que el autor de “Walk on the wild side” es un obseso del sonido en todas sus posibilidades es innecesario.

Además, ya ha cambiado de tema, él solito. Ahora le preocupa que sus letras resulten difíciles de traducir. Alguien le ha dicho que “Vicious” no significa exactamente “vicioso” por lo cual, quiere saber si “Ecstasy” –que es el título de su nuevo álbum- es una palabra de fácil traducción al español. Diez minutos de explicación. A veces da la sensación de que este hombre está dispuesto a cualquier cosa con tal de no tener que contestar a las preguntas de rigor. Al final parece convencido. “O sea que entonces vicious es un adjetivo que en español sí  vale para una persona. Menos mal porque trata sobre una persona. Una persona que te pega con una flor”. [Hace un gesto como de golpear delicadamente con algo invisible, en referencia al estribillo de “Vicious” que dice “me pegas con una flor”].

Su preocupación por el tema de las traducciones da pie para que hable de otro trabajo reciente: POEtry, una ópera cuyo libreto ha escrito para Robert Wilson, tomando como base los poemas de Edgar Allan Poe. “La obra se estrenaba en Alemania y el traductor alemán me dijo que algunas cosas eran imposibles de traducir. Hay muchos juegos de palabras, expresiones que podrían tener varios significados, hasta cinco. Creo que optó por dejar algunas frases en inglés”. POEtry es su segundo trabajo con Wilson; el primero fue Time Rocker, una adaptación libre de La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, para la que compuso las canciones. “Esta vez –dice ufano- he escrito yo los textos y la música. Yo escribí y Wilson escenificó. He estado leyendo a Poe sin para durante meses y meses. Usamos algunos temas ya escritos, por ejemplo, “The bed” o “Perfect day”. La idea la tuvo Mike [Rathke, su guitarrista desde 1989], que pensó que encajaban en la estructura de la obra. No fue algo planeado. Las palabras y la música de esos temas expresaban perfectamente lo que requería el momento. Toda la música se interpretó en directo por una orquesta. Ahora estamos negociando con la compañía para grabarla utilizando unos cuantos colaboradores invitados”.




Para desagrado de Reed, llega el momento de hablar de Ecstasy. Es un álbum de sonido crudo y producción seca. Es rockero en lo musical y amargo en lo literario. “Amargo no, agridulce”, puntualiza. Pues eso, agridulce. “Como la mayoría de mis álbumes, trata sobre las relaciones humanas. En este caso las relaciones están en un primer plano, son relaciones muy cercanas. Pero no consideraría que está escrito en un tono agrio. Vamos a ver, en un verso digo “eres imbécil, imbécil como mi pulgar”, eso es una broma. ¿Tiene humor, no?”
En la rueda de prensa ha dicho que el éxtasis es algo diferente para cada persona.
Así es. Cada uno alcanza el éxtasis de una manera determinada. Y Ecstasy es un disco que habla de diferentes tipos de éxtasis. El éxtasis amoroso, el anti éxtasis, el éxtasis de la negatividad. Son los altos y los bajos, la vida misma.
¿Cuál es tu forma perfecta de éxtasis?
Yo no hablo de mí. En las canciones hablan mis personajes y cada uno de ellos lo hace de sí mismo. Además, detesto explicar las canciones.
De acuerdo, lo enfocaremos de otro modo. En el álbum hay un tema de 18 minutos, “Like a possum”, que podría definirse como un éxtasis sónico.
Lo es. Yo rara vez hago temas tan largos y, tan largo como éste, no había grabado ninguno desde 1968.Así que imagínate cuánto tiempo llevaba dándole vueltas a la idea de hacer algo así. Un amigo me regaló un amplificador especial, construido especialmente para mí. Y me puse a probarlo. Nada más encenderlo y apareció ese sonido tan increíble. Y toqué durante horas. Dos acordes, una y otra vez, acompañado por la banda. Aquella improvisación fue convirtiéndose poco a poco en “Like a possum”. Nació de aquel sonido mesmerizante, hipnótico, enorme. Lo tenía ahí, frente a mis narices.

Los siguientes minutos los pasa escuchándose hablar sobre su nuevo fetiche –el tema en cuestión-, muerto de gusto. En completo éxtasis. “Es como un viaje muy seguro. El conductor es de total confianza”. Seguimos con el resto del disco. Lo coproduce Hal Wilner, un verdadero estilista sonoro. Fue el padre de los álbumes homenaje a Kurt Weill y Thelonius Monk. Trabajando en el primero de ellos, hace ya 15 años, conoció a Reed. “Grabé “September song” para Lost in the stars. Muchos años después volví a grabar con él otra versión del tema para otro disco  dedicado a Weill. Resultó muy interesante hacer lo mismo con un paréntesis de tiempo tan grande. Eso me ayudó a ver que Hal es magnífico, un tipo que aporta muchísimo a mi trabajo. Trabajaría con él el resto de mis días”.
Según ha declarado a un medio americano su autor, Ecstasy es un disco estructurado como un relato, con planteamiento, nudo y desenlace. “No, es una línea recta. Y cuando llegas al final quieres repetir el trayecto”. Justo en lo que podríamos denominar como la mitad del disco aparecen dos temas viejos, compuestos originalmente para Time rocker. “Uno de ellos, “Future farmers of America” ha sido uno de los temas favoritos de la banda durante años. Había que grabarlo y de hecho lo habíamos intentado alguna vez pero lo que salía no le hacía justicia. Musicalmente encaja muy bien en el disco. Y temáticamente también. Habla sobre la esclavitud. Una fábula de esclavitud en medio de historias sobre el éxtasis del amor o del desamor. Quedaba bien. Me encanta como suena. Me alegré mucho que pudiésemos grabar una versión digna para incluirla en el disco. Porque una vez concluyen las sesiones de grabación de mis discos, borro todo el material que no hemos usado. Si no lo hago la compañía de discos terminará publicándolo, es cuestión de tiempo. Quiero que  se edite la música en la que realmente nos volcamos, y que aparezca con la calidad de sonido que merece. Desde que descubrí que las discográficas sacarían cualquier cosa, sin que importe lo malo que sea el material, lo borro todo cuando nos vamos a casa. Adiós. Cero. Nada”. Y le lanza una mirada  en plan “para que veas” a la persona de su compañía discográfica que le queda más cerca.




A continuación, una breve charla sobre el programa de reediciones de su obra de los años 70. Está cabreado porque Arista [discográfica en la que estuvo de 1976 a 1980] no está dispuesta a colaborar para que discos como Take no prisoners (1978) sean remezclados e incluso ampliados respecto al repertorio original. “No te dan ninguna facilidad. Es asombroso lo poco que les importa. Me ofrecí a hacer las remezclas gratis, y ni por esas. Al final no sé qué ocurrirá”. Y así sigue Lou Reed, entre el cabreo perpetuo y el vacile barriobajero, ejerciendo de sí mismo como ahora y como hace 26 años. El éxtasis es algo diferente para cada uno de nosotros. Él parece alcanzarlo hablando sobre todo lo que tenga que ver con el sonido. Sonido digital. Sonido de amplificadores. Herramientas, programas. Cuando habla de remezclar Take no prisoners la razón no es otra que la siguiente: a mediados de los 70 se obsesionó con el stereo binaural sound (SBS), una variante de estéreo que sólo podía apreciarse con unos auriculares especiales tan caros como inútiles, ya que, hasta la fecha, el único artista que ha usado dicho sistema para grabar fue él. Todos sus álbumes entre 1976 y 1979 se hicieron en SBS. Ahora le apasionan otras cosas. “¿Tienes MP3?”, pregunta cuando se le interroga acerca de las posibilidades que brinda internet. “Ya veo que en España aún no ha cuajado. El otro día, en el aeropuerto de no recuerdo qué país los vendían por todas partes. Dicen que es todavía es un lujo pero también lo decían del mini disc y ya ves. Oh, y el DVD, qué increíble. Así es como deberían sonar los cedés. El sonido del DVD es un 200% mejor que el del cedé, créeme”.
Ecstasy se retrasó varios meses respecto a su lanzamiento inicial a causa del sonido. Mientras Reed grababa, cerca del estudio comenzaron unas obras. El ruido que generaban le hizo temer por la calidad sonora de la obra y pidió traslado de estudio. Ahora le echa un vistazo a la grabadora del periodista y descubre que tiene alguna que otra abolladura. “¿Seguro que esto funciona bien?”. Le señalo el micro estéreo para que se quede tranquilo. Levanta el aparato y estudia la marca. Parece quedarse conforme. Entonces se acuerda de “Like a possum”. “¿Has escuchado el tema con el volumen bien alto? Lo grabamos de un tirón y cuando lo escuchamos para ver cómo había quedado lo pusimos cerca de siete veces. [Pone cara de éxtasis y emite unos sonidos guturales cercanos al orgasmo]. ¡Salió los que buscábamos! ¡Sacamos a ese jodido hijo de puta de su madriguera! ¿Qué si la tocaremos en directo? ¡Por supuesto! No estoy muy seguro de que la gente quiera escuchar un tema de 18 minutos, pero nunca estoy seguro de lo que quieren escuchar”.






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