lunes, 20 de octubre de 2014

Hablando con Lou Reed (1)





En diciembre de 1995, unos días antes de navidad, hablé con Lou Reed en su oficina de Sister Ray Enterprises, en Nueva York. La entrevista se publicó en El País Semanal en febrero de 1996 con motivo de la publicación de Set the twilight reeling.

Un frío endiablado envuelve Nueva York, decorado con sus mejores galas navideñas. El anunciado temporal de nieve presagia carreteras y aeropuertos paralizados. Pero la ciudad no se inmuta. El Soho, el barrio bohemio de la tercera ciudad más poblada del mundo, donde convergen galerías, marchantes de arte, clubes de música, y despachos de representantes artísticos, mantiene, a pesar del gélido día, su peculiar pulso cotidiano.
Tiendas de ropa, librerías, cafés y vendedores callejeros forman un paisaje de película de Scorsese. Aquí, a seis pisos de altura, un amplio loft acoge la oficina de management de Lou Reed, el hombre que comenzó en el rock haciendo canciones "para los de las filas de atrás" cuando formaba parte del grupo The Velvet Underground.

A punto de cumplir 53 años, Reed disfruta de una consolidada madurez artística. Durante los setenta, su nombre fue sinónimo de rebeldía. Era un artista molesto ante el rechazo de la fama y hubo de conformarse con ser un artista de culto -a pesar del éxito de "Walk on the wild side"- a medida que su imagen suicida, alimentada por una estética excéntrica y una estrecha relación con las drogas, eclipsaba su música. Reed intentó durante la década siguiente alejarse de todo aquello con discos sobre vida hogareña y placeres campestres, pero el público no encajó bien el cambio y, exento de todo morbo, el cantante se enfrentó a otro tipo de indiferencia.





Hoy sigue sin ser un artista de masas, pero desde 1989, año en que editó New York, ostenta el título de genuino poeta rockero de la Gran Manzana. Está  a punto de editarse su trigésimo  álbum, Set the twilight reeling y eso, muy a su pesar, obliga al autor a recibir a la prensa. En la oficina, sus ayudantes trajinan, café‚ en mano, con los ordenadores. Discos de oro y cuadros de viejos amigos de la Factory de Andy Warhol -el lugar en el que se consolidó como músico- dan color a las paredes. Y a pesar del cálido ambiente, en la habitación del fondo -el despacho de Reed- quizás haga frío. Su carácter es impredecible. Cuando se le pregunta al representante de su discográfica si se puede fumar en su presencia, este le pregunta a su secretaria, "¿fuma Lou últimamente?"
Al poco aparece Lou Reed. Chaleco acolchado, suéter de cuello cisne, melena rizada, piel cerúlea y ademanes rígidos. En estas mismas páginas, en 1992, Rosa Montero definió con precisión al personaje como un oráculo severo. Ahora, sentado tras su escritorio, con semblante serio y resignado, recuerda a la esfinge egipcia que proponía acertijos a los caminantes, fulminando a quienes no acertaban a resolverlos. Pero también sonría, como cuando se le pregunta su opinión acerca de que Velvet Underground hayan pasado a formar parte del Rock& Roll Hall Of Fame. "Está bien obtener reconocimiento. De todos modos, nosotros siempre supimos que éramos buenos".

Sus dos últimos trabajos, Songs for Drella y Magic and loss, giraban alrededor de la pérdida de seres cercanos afectivamente. Su nuevo álbum, sin embargo parece surgir del amor y de un cierto estado de autoaceptación.
-Aquellos  álbumes fueron parte de una trilogía que surgió con New York- contesta mientras garabatea sobre un folio-. Magic and loss era un trabajo sobre la muerte pero enfocando el tema de un modo muy positivo, sobre cómo aceptarla. Hoy está muy presente, incluso entre la gente joven, a causa del sida. Cuando yo era joven no había que preocuparse por esas cosas. Set the twilight reeling habla del proceso de crecer y cambiar. Surgió como una reacción ante mis discos anteriores. Cuando terminé Magic and loss me dije, “¿hacia dónde puedo ir ahora?”

Esta vez apuesta de nuevo por un rock directo, de guitarras contundentes y de arreglos básicos.
Trabajé el sonido muy a fondo y creo haber encontrado lo que buscaba. Este elepé tenía que reproducir exactamente lo que hicimos con el estudio. Yo mismo me ocupé de la producción, construí un estudio casero e hice una selección de mis amplificadores y guitarras hasta dar con los elementos más adecuados.

Parece satisfecho con el resultado.
¡Absolutamente! Mis discos anteriores son buenos, pero carecían de algo... y Set the twilight reeling tiene ese algo. Aquí las canciones suenan igual que cuando las tocamos en directo. Y eso es algo de lo que no puede presumir todo el mundo.





Nueva York es una constante en su obra, ¿Lou Reed sería el mismo si viviera en otro lugar?
No, en absoluto. La manera en que miro las cosas, mi sensibilidad, la información que recibo... todo eso está  perfilado por esta ciudad. En este disco hablo de mis recuerdos de niñez, en Brooklyn, y hay una canción, "NYC man", que es una declaración de amor a esta ciudad.

En Blue in the face -la película que rodaron Wayne Wang y el escritor Paul Auster al acabar Smoke-, aparece contando sus impresiones sobre Nueva York.
¿Ha leído el libro que con los guiones de la película? En él Paul Auster dice que yo soy lo mejor de Blue in the face. Paul es amigo, y me pidió que me colocara delante de la cámara e improvisara, que hablara sobre Nueva York tal y como lo hago normalmente.

¿No le asusta a veces la crueldad de esta urbe?
Es una ciudad imposible, pero la amo. Me encanta su gente, su cultura, su arte, su música y todo lo que aquí sucede. Cuando estoy fuera la echo de menos... De todos modos, estadísticamente, la violencia ha bajado.

Mas bien me refería a la violencia cotidiana.
¿Es la gente de aquí maleducada con usted? Mire, vaya donde vaya siempre encontrar  personas que se comportan como auténticos cerdos. Ayer mismo, en mi edificio, una anciana se metió conmigo, fue terriblemente grosera, y eso que jamás la había visto en mi vida. Le dije a Laurie [Anderson, artista multimedia y actual compañera sentimental de Reed, a la cual está  dedicado el disco]: “¿qué le he hecho a esa mujer para que me trate así?”. Y ella me contestó: "esto formaba parte de tu destino hoy". Pero eso puede ocurrir en cualquier lugar. Estoy convencido de que la mayoría de los neoyorquinos son buena gente. Una vez constatan que no pretendes sacarles nada son encantadores.





Una de sus letras capta esa especie de esquizofrenia propia de cualquier gran urbe: "suena como unos fuegos artificiales, o un arma disparada en el edifico contiguo"...
Eso es Nueva York, pero la adoro. Esa canción habla de los celos. No hay nada más degradante y más vil, nada que te haga sentir más gilipollas y ruin que los celos. Desearía no volver a padecer ese sentimiento. Por cierto, los españoles son expertos en celos.

Supongo que eso pertenece al gran tópico sobre la pasión latina.
Oh, voy a contarle una historia muy divertida...

Y comienza a hilar una de sus narraciones, gesticulando, moviendo sus manos de un modo que no es ni masculina ni femenina. Enfatiza cada frase con muecas y ademanes propios. Se remonta al año 1974, cuando publicó Berlin, una ópera rock protagonizada por dos amantes predestinados a la fatalidad.
 ... todas las fotos del disco eran en blanco y negro, solo una reproducía una rosa roja. Pues el rojo de esa foto en la edición española era el más sangriento y apasionado de todos. Cuando lo vi me dije, "ah... los españoles".

¿Sabía usted que ese disco y su libreto fueron víctimas de la censura franquista?
La primera vez que toqué en España [marzo de 1975] el público me pedía a gritos "Heroin". [En las ediciones españolas de sus discos, la canción no pudo ser incluida hasta 1977] Había policías en el backstage y uno de ellos se acercó y me dijo: "si cantas esa canción nunca saldrás de aquí".

¿Y qué hizo?
¡No la canté! Me amenazaban con llevarme a la cárcel... ¡por cantar una canción!. Esa gente hablaba en serio así que les dije “¿qué canción?, no sé de qué me están hablando?” -Bizquea los ojos y estalla en una carcajada rotunda y breve-. Hace años, cuando visité al presidente checo, mi amigo Vaclav Havel, me pasó un libro escrito y encuadernado a mano con todas mis letras. ¿Sabía usted que mi antiguo grupo, The Velvet Underground, fue una influencia capital en la lucha por la libertad en aquel país? Los partidos clandestinos se amparaban en una revolución intelectual a la que bautizaron the velvet revolution.
Bien, pues Vaclav me dijo, "hasta hace muy poco, si te encontraban leyendo esto ibas preso". Cuesta trabajo entender cosas así.





Ha escrito un agrio comentario sobre el partido republicano, "Sex with your parents". En él arremete contra el senador Bob Dole.
Dios mío, ¡es que aquí está  empezando a ocurrir algo parecido! Este país se está  volviendo muy conservador, por eso escribí esa canción.... Ahora que recuerdo, hace seis años estuve tocando en España y los separatistas vascos pusieron una bomba muy cerca de donde yo estaba. ¿Y dice usted que Nueva York es una ciudad violenta? Aquí pueden pasar muchas cosas, pero no colocan bombas -dice Lou Reed, sin recordar el atentado que no hace mucho sufrió el World Trade Center, inevitablemente ajeno al hecho de que, un día más tarde, un perturbado perpetró una matanza en una zapatería de la ciudad-.

Pero usted no suele mezclar su música con la política, ¿qué le ha impulsado a hacerlo esta vez, de un modo tan inequívoco?
Los republicanos son terriblemente desagradables y me tienen muy cabreado. Detesto a la gente que te dice lo que puedes leer o ver, son los mismos que en su país censuraban los discos o las películas... Odio a la gente que dice saber lo que te conviene, que dice, "he leído esto y tú no debes leerlo, créeme, se lo que es bueno para ti".

¿Cómo se refleja esa situación?
El caso más significativo fue el de la prohibición de la exposición del fotógrafo Robert Mapplethorpe en Washington D.C. O los recortes de los presupuestos para la cultura, cada vez menores. En ese aspecto vamos hacia atrás y eso no es algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Creo que la gente se va a hartar, se van a dar cuenta de quiénes son y los van a echar del senado. No creo que el pueblo americano... -coloca la voz para simular la oratoria de un político en pleno discurso, para regresar de inmediato a su tono natural-... quiera que esa gente le represente, ya tuvimos bastante con Bush. Y con Reagan; su único legado ha sido el déficit y la muerte. Se encargó de que ciertos programas políticos nunca pudieran llevarse a cabo, ni siquiera hizo falta que los anulara legalmente. Simplemente no se pueden llevar a cabo porque cuestan mucho dinero.

¿Diría que esa política se traduce también en una lenta pero inexorable represión sexual?
Todavía tenemos que estar defendiendo los derechos de los homosexuales. ¡Por el amor de Dios, estamos en 1996! Hace tiempo que deberíamos haber dejado de preocuparnos por esos temas. Además, ¿por qué tenemos que meternos con lo que hagan otras personas con sus vidas? Nuestro gobierno insiste en ello. Que dejen de una vez a las mujeres resolver sus problemas como quieran, todo esto se cae por sí solo de puro caduco. La acumulación de tantas barbaridades me condujo a grabar "Sex with your parents" un 4 de julio.

La biografía promocional que acompaña a su nuevo  álbum asegura que usted tiene una innata habilidad para mentir, ¿es eso cierto?
Por supuesto, ¡yo mismo la escribí! Me encanta eso, me encanta que se lea que el artista, al cual se suele encumbrar del modo más cursi en ese tipo de escritos, aparezca como un mentiroso. Pero es solo una broma, un guiño. Soy un narrador, alguien que cuenta historias. Y para contar historias es imprescindible la invención.

A veces da la impresión de que usted forma parte de su colección de personajes.
Sí, a veces soy incluso el personaje protagonista.

¿Lo es en las canciones de amor de este disco?
En "The proposition" digo que todo en este mundo necesita algo que le de sentido. La flor necesita a la semilla, la vacuna necesita a la enfermedad… y al final acabo diciendo: "... y tú me necesitas a mi". Es una canción de amor. Lo demás puede tomarlo como quiera.

¿Cree en la madurez?
Siempre he procurado expresarme del mejor modo posible. He perseguido una cierta consistencia en lo que hacía y creo que lo he conseguido. Esta vez he alcanzado mis máximas posibilidades. Este álbum tiene mucho que ver con todo eso: saber analizar la experiencia y hacerla funcionar en tu beneficio.








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