martes, 7 de octubre de 2014

Hablando con Le Mans


Le Mans. Foto: Leila Méndez


Una entrevista con Le Mans cuya versión original fue publicada en El País de las Tentaciones en 1998.

Una "F" enorme ocupaba la portada blanca y negra de Mi novela autobiográfica, penúltimo single de los donostiarras Le Mans. La "I" cruzaba el blanco de la siguiente portada: otro single, Ying yang. Hubo quién empezó a temerse lo peor. Y acertó. Para su cuarto álbum, el quinteto eligió la "N" como decoración de otra cubierta de diseño austero. Resultado: F-I-N. Se acabó Le Mans. Prototipo de banda independiente -"que no indie", puntualizan sus responsables-, el quinteto sobre cuya presencia se acuñó el término sonido Donosti ha preferido agotar su presupuesto creativo dignamente antes de que éste les agotara a ellos. Una obra musical que se ha ganado adjetivos como "costumbrista", "naif", "minimalista" o, por encima de todo, "triste". Una carrera marcada por la autonomía de trabajo, contra viento y marea, en una escena musical que no suele tratar demasiado bien a quienes se atreven a ir por libre.

Y todo ello no  porque hayan conseguido vender miles de discos o verse proclamados como la formación más influyente de los últimos años; simplemente, Le Mans han sido lo que querían ser, han aguantado el tipo y trabajado con dignidad. Cuatro álbumes, cuatro maxi singles, dos singles y unos cuantos temas desperdigados en diversos discos corales. "La mayoría de los grupos que nos gustan son gente que ha hecho uno, dos, tres discos a lo sumo y después desapareció", observa Ibon Errazkin, guitarra y compositor del repertorio de Le Mans con Teresa Iturrioz, que asiente frente a un café con leche al final de una mañana otoñal. "Orange Juice, Young Marble Giants, Television. En la mayoría de los casos los grupos son sólo importantes y necesarios en sus primeros trabajos discográficos. No nos apetecía convertir Le Mans en una costumbre".




Acompañados por Peru Izeta –guitarra-, Jone Gabarain –voz- y Gorka Ochoa –batería- Teresa e Ibon comenzaron ocho años atrás a hacer canciones bajo el nombre de Le Mans. Nunca se plantearon profesionalizarse, conscientes de que, si querían hacer música en libertad, la única manera de conseguirlo era no teniendo que vivir de ello. "Tuvimos la suerte de que, con veinte años, nos dimos cuenta de lo que era estar en un sello grande", recuerda Teresa. Todos ellos a excepción de Gorka formaron a finales de los 80 Aventuras de Kirlian, banda apadrinada por Alejo Alberdi (ex Derribos Arias) que llegó a grabar un disco con Dro cuando la que había sido la compañía independiente más grande de España aún no formaba parte del grupo Warner. "Dio lo mismo, ya funcionaban como una multinacional. Vimos cómo era todo aquello, el tipo de gente con el que has de relacionarte, las cosas que te piden. Fue decisivo para descubrir lo que no teníamos que hacer".
Aventuras de Kirlian -recientemente reeditado en CD- apareció en 1989, pero no fue descubierto hasta la siguiente década, cuando el sonido de Le Mans se instauró en el pop español como una bocanada de aire fresco en un panorama local obsesionado con el ruido y el guachi-guachi como vehículo expresivo. Su primer disco, Le Mans, apareció en 1993,  pero fue Entresemana (1994) el que dio comienzo a un particular proceso evolutivo que fue depurando el estilo de la banda, separándolo definitivamente del rock y acercándolo -especialmente con Saudade (1995)- a la bossa, el jazz, el pop francés, el folk y el easy listening. Un proceso que, una vez completado, concluye con "Aquí vivía yo", su nuevo álbum. "No sé explicar qué queríamos conseguir -reconoce Ibon-. Con Saudade nos dimos cuenta de que no podíamos seguir eliminando elementos, habíamos reducido la música al esqueleto. Queríamos que el siguiente disco fuese variado y con más arreglos". "Y que no resultara tan tenso -añade Teresa-. Con el tiempo hemos aprendido a dominar mejor el concepto que buscábamos e ir sacándolo del campo en el que nos hemos movido siempre. Poder meter determinados detalles sin dejar de ser como somos. Eso implica perder miedo, olvidarse de prejuicios, ensanchar tu perspectiva y estar menos pendiente de lo que presupongan de tu música".


Foto: Floro Azqueta


Parte del halo que envuelve a Le Mans procede de su supuesta pertenencia a una corriente que ellos aseguran no saber muy bien qué es. "Admitir que existe -dice Ibon- sería lo mismo que reconocer que hemos inventado algo y el sonido Donosti es una mezcla de elementos que ya existían y que quizá ahora sean mucho más comunes en lo que se hace actualmente. Es música que se caracteriza por ser tranquila, acústica, con influencias de la bossa nova, pero por esa misma regla de tres, la versión que hacía Everything But The Girl del "Night And Day" de Cole Porter en 1982 en su primer single, también sería sonido Donosti."
Un estilo que, si echamos cuentas, quizá sea tan irreal como apuntan Teresa e Ibon. Al margen de Le Mans, los únicos grupos en activo que encajan en su descripción son La Buena Vida y El Joven Bryan Superstar. Family hace años que no existe y Daily Planet -la banda instrumental del propio Ibon- se disolvieron al sacar su segundo álbum. "En el nuevo disco hay cosas que no tienen nada que ver con esa idea estilística-explica Teresa-. Hay influencia del hip hop, presente más como idea que como fuente sonora, como método para hacer canciones. Meter tres segundos de una canción que te encanta en un tema tuyo, todo el rato, esa es la idea original del hip hop". En Aquí vivía yo hay samplers de Sonic Youth ("un pasaje que a su vez ellos samplearon a Led Zeppelin") y Don Cherry.
Así pues, y a pesar de mantener limpio el historial del grupo sin pasos en falso ni música de relleno, hace dos años los componentes de Le Mans tomaron la decisión de separarse. "Cada tanto Teresa y yo nos sentábamos a hablar de la banda y ver qué hacer. Pensamos que lo más sensato era disolver el grupo. Pero primero había que grabar 20 canciones que teníamos y que nos gustaban especialmente. Las distribuimos entre dos singles y un álbum. Una vez hecho eso, nuestros objetivos se veían cumplidos". "No es que las ideas se estuviesen agotando -prosigue Teresa-, hubiésemos podido seguir con este nombre. Era precisamente eso lo que nos cansaba, el nombre y las connotaciones que conlleva". En este caso "connotaciones" equivale a una serie de calificativos -enumerados casi todos ellos con anterioridad- que en el caso de Le Mans son lugares comunes. "Nos han dicho que somos pop naif -continúa la bajista-, que somos minimalistas. ¿Alguien sabe en este país lo que significa de realmente ser minimalista? Pero no por que nos tilden de minimalistas hemos insistido en ser lo contrario". "La verdad es que nuestra decisión responde más a unas ganas de concluir algo -dice ahora Ibon-. Evitar caer en rutinas. Queríamos evitar a toda costa aburrirnos como grupo".




A veces las descripciones empleadas en su música han limitado el espectro sonoro de una gente que no tenía inconveniente en acercarse al baile (como en el maxi de remezclas Zerbina, editado en 1995), a la electrónica (en algunos de los temas de su trilogía final), el pop más puro (con el tema "Un rayo de sol") y a otras aguas musicales ya mencionadas. Ahora que Le Mans ya es historia, ¿qué tópicos les gustaría pulverizar? "Al principio ciertas cosas te sorprenden -reconoce Ibon- y te planteas si realmente no será así, si no seremos naif, o tristones o haremos letras costumbristas. Pero también creo que funciona mucho la inercia, que ciertas cosas se dicen simplemente por inercia". "Nos han seguido calificando como naif en discos como Saudade -protesta Teresa-, que de naif tiene bien poco. Es como la pequeña de la familia, que tiene cuarenta años y sigue siendo la pequeña de la familia".
Ya que rompían el grupo que les ha ocupado sus ratos libres durante gran parte de esta década, decidieron romper también con cierta imagen de grupo mustio y oscuro colocando al final de su álbum-despedida el tema "Sic transit gloria mundi", una especie de oración en la que también cantan amigos de bandas como Penélope Trip y Cancer Moon. "Es como una reacción contra todo lo que hemos estado haciendo -aclara Teresa-, contra nuestra tendencia a los textos tristes". "Es nuestra primera letra alegre -indica Ibon-, es muy optimista, para decirle a la gente que no se pongan nostálgicos". Entre los planes futuros de la pareja, no hay un espacio inmediato para la música. Su condición de "no profesionales" les ha obligado a invertir -como al resto de sus ex compañeros de grupo- cada uno de sus momentos libres: noches entre días laborables, fines de semana, periodos vacacionales. "Ahora vamos a vivir mucho más tranquilos -asegura teresa-. Volveremos a hacer cosas juntos, de una u otra manera, no sé si todos ni cuándo ni en qué condiciones". "De momento no me apetece ponerme a pensar en todo eso -añade a su vez Ibon-, Lo importante era terminar lo comenzado con Le Mans. No creo que hagamos nada hasta el siglo que viene. Tenemos ganas de tener unas vacaciones completas, sin tener que dedicarlas a ensayar o a grabar un disco".
Bien pensado, el siglo que viene llega dentro de unos trece meses, así que los fans pueden estar tranquilos. Ibon acaricia la idea de volver a grabar un disco instrumental. Y su amistad con Javi Pez da pie a que, en cualquier momento, se deje envolver en cualquiera de los muchos proyectos del hombre de Parafünk. Teresa no lo tiene tan claro. "Pensamos en hacer música industrial después de separarnos", dicen en broma. Y cuando se les recuerda que su música melancólica y susurrante deje desamparado a más de un seguidor, echan mano de su pragmatismo una vez y lanzan una dedicatoria: "Gracias por la atención y seguid disfrutando".

Ibon Errazkin


NI EN VIVO NI EN DIRECTO

Le Mans se separa pero ni siquiera esa circunstancia conseguirá que se olviden de su manía al directo. No habrá concierto de despedida así como apenas hubo recitales a lo largo de su carrera. Por no pasar el trago del escenario o las incomodidades propias de un grupo de recursos económicos modestos en medio de una gira, declinaron una invitación para actuar en Japón, país en el que venden 6.000 copias de sus discos, lo mismo o más que en España. "Para amortizar los gastos de desplazamiento hubiésemos tenido que actuar todas las noches durante un mes", explica Teresa. "Nosotros, que la única vez que tuvimos que dar dos conciertos seguidos, uno en Madrid y otro en Barcelona, acabamos agotados".
Una dulce herejía en un mundo -el del pop- en el que se tiene la costumbre de pensar que un grupo ha de pasar por un escenario para demostrar lo que en realidad es. "No se te considera serio si no tocas en directo -dice Ibon, pero los mejores discos que me vienen a la cabeza son irreproducibles en directo y eso no empeora a los artistas que los hicieron. El peor síntoma acerca de un grupo es cuando te dicen: "deberías vernos en directo". Le Mans son de los que piensan que en un estudio se pueden plasmar cosas que no necesariamente hay por qué transmitir arriba de unas tablas. "Por nuestra situación [los miembros del grupo están distribuidos en diferentes ciudades] es muy difícil ensayar -cuenta Teresa-. Además, el tipo de sitios en los que tienen lugar los conciertos no ayudan mucho. A nosotros no es que no nos guste tocar, es que tampoco nos atraen los conciertos".
"No tenemos muy claro qué pintamos nosotros en un escenario -añade Ibon, todos sentados menos Jone, que canta de pie. El 80% del público no puede vernos. Y siempre suenas mal. Además está el tema de alquilar y conducir una furgoneta, pedir prestados los amplificadores, llegar al local, montar el equipo, que no tenemos ni idea ni ganas de aprender a montarlo. Todo para que luego suenes tan horriblemente mal que te desesperes. Una vez grabamos las canciones tocarlas nos aburre mucho y entonces entras en un ciclo en que odias ensayar. La verdad es que, después de estar dándole vueltas a un tema en el estudio no nos interesa seguir dándole más vueltas. Preferimos dedicarnos a una canción nueva".

Foto: Leila Méndez



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