jueves, 19 de junio de 2014

Hablando con Can





La siguiente entrevista con Holger Czukay es de 1997. La hice para El País de las Tentaciones. Leyéndola ahora para corregirla y editarla me doy cuenta de cómo ha cambiado la información sobre la música y cuántas explicaciones había que dar para intentar que el lector se fijara en un grupo o artista a priori desconocido. Ahora es al revés, hay abundancia de explicaciones y muchas cosas se dan por sabidas, entendidas y asumidas. La pregunta es, ¿de verdad lo están? una pregunta muy Can para introducir este texto sobre Can.




Si de lo que se trata es de hablar de nombres influyentes se trata, existen dos vertientes, la de los artistas populares y la de los de culto. Aparentemente, son los primeros los que a más gente han tocado con su música. The Velvet Underground, Stooges, Captain Beefheart, Syd Barrett o Suicide pertenecen a la segunda opción y son sólo algunos de los inquilinos de ese extraño círculo que tan desdichados hace a los ejecutivos discográficos. Son los que no venden lucrativas cantidades de discos pero, a cambio, dejarán huella en generaciones venideras. Can es otros de esos ilustres ejemplos. Surgieron en Colonia casi como una consecuencia más del mayo del 68. Su objetivo era malear la música y dirigirla hacia nuevas direcciones, hacer con ella cosas nuevas constantemente. Improvisaban, desafiaban las normas del rock y traspasaban constantemente sus límites para regresar con nuevas adquisiciones. Irmin Schmidt –teclados-, Michael Karoli –guitarras-, Jaki Liebezeit –percusión- y Holger Czukay –bajo- fueron el núcleo de Can, alrededor del cual gravitaron vocalistas como Malcolm Mooney o Damo Suzuki. Discos como Monster Movie (1969), Tago Mago (1971) o Future days (1973),  han sido loados por Jesus & Mary Chain, The Fall, Sonic Youth, David Byrne, Primal Scream, John Lydon o Wim Wenders, que consiguió que volvieran a trabajar juntos y le dieran un tema nuevo para el soundtrack de Hasta el fin del mundo.




“Lo nuestro era una conspiración anarcocreativa que al final terminaba por no tener ni pies ni cabeza”, se carcajea Holger Czukay desde el otro lado de la línea telefónica, para quitarle solemnidad al perfil de su banda. “Ahora en serio: trabajábamos en unas coordenadas muy diferentes a las del rock que se hacía en la época. Se han referido a nuestra música como spacerock; nosotros la concebíamos como una experiencia psicodélica, muy intensa. Nos dejábamos llevar pero nunca despegábamos los pies de la tierra”. Las tendencias desarrolladas durante los últimos años no ha hecho más que reforzar la teoría de que el pop moderno no sería lo mismo si no hubiera existido Can. Si  hablamos de trip hop, Can ya creaba esos ritmos y atmósferas tres lustros atrás; también avanzaron lo que sería el ambient con sus mantras cósmicos; y en lo referente al post-rock, y la electrónica, las aproximaciones de Stereolab, Laika, Tortoise y otros nuevos experimentadores, sus aproximaciones a Can son algo más que demostraciones de fe ciega.




“Es cierto, ahora se ha puesto de moda el krautrock y con él, Can. Siento desilusionar a nuestros jóvenes fans, pero a principios de los setenta, cuando los periodistas británicos se referían al krautrock no hablaban de nosotros, no entrábamos en el saco. Kraut es un término despectivo que se aplicaba a los soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial, eran los estúpidos soldaditos teutones. Llevo ya hechas unas cuantas entrevistas con periodistas de los más diversos países y todos, tarde o temprano, sacan el tema a relucir: ¿Es Can krautrock?”. Lo sean o no, Can sentaron cátedra, quizá de una manera mucho más discreta que algunos contemporáneos americanos, pero cátedra al fin y al cabo. “Es cierto que cuando se habla de la banda que sacó al rock de su rutina y lo emparentó con las teorías de músicos minimalistas y repetitivos siempre aparece Velvet Underground. Can, a decir de los especialistas, comparten esos honores pero no con tanta intensidad. Los Velvet eran nuestros hermanos espirituales, pero entre ambos había una gran diferencia y es que ellos hacían canciones y tenían a un compositor como Lou Reed que sabía muy bien lo que quería. Can hacía piezas musicales en lugar de canciones, y en ocasiones eran mucho más extremistas y largas que las suyas. Ambos grupos se movían en el ámbito del rock por aquel entonces; ahora no sé si me atrevería a incluir nuestra música en ese contexto, el rock es un concepto devaluado. Su significado ha cambiado. Para mí es como una sopa que ha sido recalentada varias veces. Y nosotros teníamos una máxima: hacer siempre cosas nuevas y frescas”.


Holger Czukay y Damo Suzuki


Puede que el culto a Can haya crecido más lentamente, pero en 1997 no cabe lugar a dudas de que hoy son un grupo reivindicado. Prueba de ello es Sacrilege, el álbum publicado por Mute que consta de revisiones de estudio realizadas por Eno, Sonic Youth, Bruce Gilbert, A Guy Called Gerald, U.N.K.L.E, The Orb, System 7, Carl Craig o Pete Shelley. “Fue una idea de Daniel Miller [responsable de Mute, sello que actualmente distribuye la discografía completa de Can]. Cuando nos la contó nos pidió que no participáramos, que le dejáramos vía libre. Eso fue exactamente lo que hicimos, a pesar de que yo he realizado remezclas de temas nuestros a lo largo de estos años y todos permanecen inéditos. Nos intrigaba mucho ver cómo quedaría nuestra música en las manos de otros. No propusimos a ninguno en concreto, nos daba igual, confiamos en Miller. Cuando nos puso el disco nos sorprendió mucho. Hay cosas francamente buenas”. Remezclar -es decir, reconstruir una canción prácticamente de principio a fin- es en realidad un concepto que pertenece por derecho propio a la filosofía creativa de Can. “Dejar que diferentes visiones y distintos estilos se mezclen en tu música es algo que nos fascina. Un disco como Sacrilege revela el influjo tan amplio que nuestra obra ha tenido. Nunca fuimos un grupo comercial ni estuvimos de moda, nuestro único objetivo consistía en crear música distinta desde el principio hasta al final”.




El final, presumiblemente, llegó en 1989, cuando rompieron años de inactividad como banda para publicar un álbum que no fue demasiado bien recibido. El mentado tema para Wenders vendría después junto a la reedición y rescate de sus obras completas. Desde entonces, el grupo se encuentra en un estado de animación suspendida. “Todos tenemos nuestros  trabajos  por separado y, la verdad es que no se puede asegurar qué ocurrirá. No creo que nos metamos en un estudio a grabar nuevos temas. El directo sería mucho más interesante para nosotros ahora mismo, pero creo que ya estamos demasiado viejos para hacer eso. Además, prefiero trabajar con gente joven. Lo que sí seguiremos editando serán grabaciones inéditas, en directo y en estudio. Can tiene una gran cantidad de música grabada”.
Así pues, ¿se siente satisfecho Herr Czukay con esta oleada de reconocimiento ante un trabajo que tantos caminos musicales abrió al pop? “Oh, claro que sí. Además, de este modo se demostrará de una vez por todas que éramos tan dignos de atención como nuestros paisanos Kraftwerk. Ellos sí que son venerados unánimemente”.




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