martes, 17 de junio de 2014

Galería de bartlebys: Paul Haig




El artista aquejado de eso que podríamos llamar síndrome de Bartleby es siempre un caso apasionante. Se niegan constantemente a hacer lo que se espera de ellos; necesitan seguir su propio camino pase lo que pase. La música pop tiene sus propios bartlebys y el día que alguien elabore un censo, Paul Haig seguro que aparece entre los primeros.




Haig se dio a conocer en el Edimburgo de finales de los 70, la escena que alimentó al sello Postcard. Entonces estaba al frente de Josef K, que junto a Orange Juice y Aztec Camera fueron la gran esperanza del rock independiente de 1980. Al final ninguno tuvo la fortuna que su música merecía –las tres formaciones estaban dirigidas por tipos bastante bartlebys: Haig, Edwyn Collins y Roddy Frame- por negarse a seguir las reglas del juego que la industria imponía e incluso una cierta lógica. De los tres, Haig fue el más tozudo. Cuando Josef K terminó la gira que debía ser el principio de su encumbramiento, disolvió la banda aludiendo que detestaba salir de gira. Así inauguraba la tradición de dinamitar las posibilidades de cada cosa que hacía al poco de hacerlo, e incluso antes de que el resultado viera la luz.




Tras la ruptura de Josef K, Haig anunció que le daba igual el espíritu indie, y que quería hacerse famoso. Comenzó a grabar discos para una multinacional que no acababa de entender la actitud de un artista arisco que siempre se negaba a salir en las portadas de sus discos, que se exilió en Bruselas cuando lo idóneo era estar en Londres, que decidió versionar el Running Away de Sly & The Family Stone para descubrir que su versión coincidía en el tiempo con otra de The Raincoats. Cuando le dio por recrear el sonido de la big bands terminó arrepintiéndose. Y todo eso en menos de dos años, entre 1981 y 1982, cuando Paul Morley, fiel a su pirotecnia verbal, lo definía como “el rostro y el sonido de 1982”.
Su salto al pop electrónico bailable le llevó a Nueva York para grabar con Alex Sadkin y una reputada serie de músicos de sesión. De ahí sale Rhythm Of Life, que fracasó en sus expectativas comerciales, lo que le hace volver a trabajar exclusivamente con el sello independiente que le acogió tras la debacle de Josef K, Les Disques du Crépuscule. Registra un disco producido por Alan Rankine, de The Associates, que al final es archivado. Colabora con Bernard Summer y Daniel Johnson en el single The Only Truth, y con Cabaret Voltaire en The Executioner. Finalmente en 1985 aparece The Warp Of Pure Fun, el álbum que equilibra su talento y sus ambiciones aunque siga sacarle de la categoría de artista de culto.




Desde entonces hasta ahora, Haig no ha dejado de hacer los discos que le ha apetecido. Probó el electro dejándose producir por Mantronik y Lil’ Louis, colaboró con Finitribe, trabajó con Billy Mackenzie, ha hecho discos instrumentales para películas imaginarias, álbumes de electrónica robótica a la usanza de la era digital, versiones de Pere Ubu y Joy Division. Vive ajeno a los medios y se limita a grabar disco y editarlos cuando le viene en gana. Podría reunir a Josef K o intentar sacarle provecho de algún otro modo a sus mejores canciones, pero seguramente si alguien se lo propone, la respuesta sería: “Preferiría no hacerlo”.



2 comentarios:

  1. Muy interesante Rafa. Ahora mismo estaba escuchando una cancion suya junto a B. Mackenzie, del toutube.
    Curioso personaje.

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    1. Gracias, Xema. A mí me gusta mucho lo que hace aunque tengo claro que no siempre está en estado de gracia. Un saludo :)

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