miércoles, 9 de abril de 2014

Hablando con Scott Walker



En 1995 entrevisté a Scott Walker. Todavía no me explico cómo pudo ser, pero fue. Le entrevisté por teléfono y la conversación resultante apareció en Ruta 66 y parte de ella, reportajeada en un texto para Tentaciones. La versión de la entrevista que incluyo en nada Especial va precedida por la introducción que escribí para Ruta 66. Creo que, incluso a pesar del paso de los años, mantiene la vigencia. La entrevista con Walker, también, y no solamente por el hecho de que una entrevista con él sea, desde hace tiempo, un suceso poco habitual.

A sus 52 años, Scott Walker es todo lo que la industria del disco detesta y la facción indie aspira a ser. Un hombre esquivo que contempla su propia imagen pública desde su refugio, un artista irreductible que no atiende a pactos comerciales y que degusta, entre divertido e interesado, el discurrir de los acontecimientos de ese mundo, el del pop, del que fuera rey hace tres décadas. Posee sobradas cualidades para mantener ese puesto de honor en la historia de la música moderna, pero Walker siente rechazo por todo aquello que se aleje del mero acto de la creación musical.
Después de once años de ausencia discográfica, pero presente en la actualidad gracias a mil efemérides recogidas por los medios, Scott Walker publica Tilt, álbum que ignora etiquetas, expectativas y murmuraciones. Quienes esperen el regreso del Sinatra del pop, tienen todo un reto al que enfrentarse: un disco difícil y pasmoso que sólo permite la entrada a aquellos que decidan dejar en consigna los prejuicios. Una obra solemne y críptica, que existe ajena a modas e intereses mercantiles, desafiando a aquellos que esperaban el retorno de Walker contando los días y las noches. No es la primera vez que el hombre de la voz de oro vuelve de las tinieblas y entrega a sus fieles justo lo contrario que estos esperaban. En 1984, tras otra prolongada ausencia, grabó Climate Of Hunter, otro ejemplo de disco a contracorriente aparecido en pleno apogeo de su mito, celebrado entonces por portavoces musicales de la época como Marc Almond, Billie McKenzie o Julian Cope. Apenas alcanzó las 10.000 copias vendidas.
Nacido en Ohio y criado artísticamente en el Londres de mediados de los sesenta, Noel Scott Engel se convirtió en el prototipo de artista estrangulado por la fama cuando los Walker Brothers alcanzaron un éxito arrollador con canciones de sonido spectoriano como "The Sun Ain't Gonna Shine Anymore" o "My Ship Is Coming In". Acosado por los fans y presionado por el engranaje comercial, en 1967 Walker decidió romper la baraja y comenzar una carrera en solitario en la que las canciones del belga Jacques Brel fueron la guía para poder plasmar con fidelidad sus inquietudes artísticas. Fue el principio de un historial lleno de anécdotas, contradicciones y soberbias canciones. Sus versiones de Brel aportaron cierta madurez a una música que ya empezaba a perderse en su propia fugacidad. Su voz alumbró a muchos, especialmente a Bowie, que copió sus inflexiones hasta hacerlas suyas, y también tomó nota de esa atracción por Brel. Sus primeros cuatro discos en solitario (Scott 1, Scott 2, Scott 3Scott 4) forjaron un mundo aparte, casi siempre grandioso, a veces autoindulgente. Walker dio rienda suelta a su confusión, se convirtió en autor y terminó sin aquel público que aclamaba sus canciones, pobre en ventas y con una discográfica exigiendo soluciones que terminaron propiciando discos anodinos.
En los últimos años, cuando sus cuatro álbumes esenciales fueron reeditados, junto a un par de recopilatorios de Walker Brothers, tras haber sido piezas cotizadas entre los coleccionistas, las nuevas generaciones pudieron comprobar cuánto había de real en un mito alimentado también por un artista  que odia actuar en directo, tiene miedo a volar y mantiene una prudente distancia con los medios de comunicación y no siente apremio por aclarar nada de nada respecto a su persona. Tras años de mutismo, Scott Walker ha vuelto con una obra que consigue evaporar todos los tópicos que le persiguen. Y para que no quepan dudas acerca de ello, se dejó entrevistar telefónicamente (incluso estaba dispuesto a hacerlo cara a cara), dispuesto a explicar todo lo que otros nos han contado sobre él.



¿Preparado para contestar algunas preguntas sobre tu nuevo disco?
Sí, claro. ¿Estás preparado tú para preguntar? [ríe]
Desde luego, tengo un buen cuestionario preparado… Ahí va la primera pregunta. ¿Qué te ha llevado a grabar un disco tras esta prolongada ausencia?
Hace unos cuatro años me encontré con alguien interesado en conseguirme un contrato discográfico; esa persona es actualmente mi mánager. El interés para que volviera a hacer música partió básicamente de él. Yo no quería hacer más discos.
¿Qué te hizo tomar esa decisión?
Por una parte fue porque estaba dedicado a estudiar arte y a mi pintura. Pero otra razón es que hace unos siete u ocho años las discográficas tomaron por costumbre exigir maquetas a sus artistas antes de hacerles entrar a grabar, lo hacían con grandes artistas e incluso con los que ya tenían contrato, había que hacer una maqueta antes de entrar a grabar un  álbum. Y desde luego eso me parece absurdo, yo no grabo maquetas para nadie. La música que hago es demasiado complicada como para eso, así que me olvidé de hacer discos, al menos hasta que la manía de pedir maquetas arreciara. Pero mi manager fue a Fontana [la discográfica que publicó Tilt] y consiguió un contrato sin mayor problema. Resultó más fácil de lo que podía imaginar.
Aclárame una duda: En 1993 salió un single tuyo en Francia, Man From Reno, grabado para la banda sonora de la película Toxic affair. El título es una de las frases de "Farmer in the city". ¿Se trata de una versión anterior de la canción?
 Cuando estaba escribiendo el texto de "Farmer In The City" tomé algunas partes de la letra de "Man From Reno" porque encajaban perfectamente en ese nuevo contexto. Muy poca gente -excepto el público francés- conoce la primera canción, así que pensé‚ que era lícito que me plagiara a mi mismo [ríe]. “Man From Reno” se usó para promocionar la película en Francia.
¿Compones las canciones escribiendo primero las letras?
Últimamente tengo la sensación de que los músicos se han despreocupado de los textos y su significado, dándole énfasis a la música. Yo funciono a la inversa, escribo las palabras y ellas me dicen cómo debe ser la canción, qué sonidos necesito, cómo debe ser la melodía, todo lo que debo usar. Así que paso mucho tiempo trabajándolas; en el caso de Tilt, pasé dos años elaborándolas.
Son letras muy abstractas, nada narrativas...
Corren tiempos inciertos y el lenguaje se ha convertido en algo difícil de calibrar, nadie sabe ya muy bien qué interpretación darle, así que he trabajado para crear uno muy especial. Es algo parecido a la poesía, tienes que darle tiempo para que haga efecto. Es como un puzle en el que las piezas tienen que encajar perfectamente, por eso me costó tanto terminar las letras. Con las palabras las trabajo sin ninguna restricción.



Tilt es único en cierto modo. Está  hecho con guitarra, bajo, batería y teclados, se supone que es rock, pero no a la manera usual. No se parece a nada dentro de ese campo.
Sé lo que quieres decir. Provengo del rock, comencé como bajista y pasé por distintas bandas. Tilt es un disco de rock, sus raíces son esas, lo que ocurre es que busco imágenes interiores para hacerlas públicas, y también sonidos primarios, siempre eludiendo los sintetizadores lo máximo posible. Si tuviera que definirlo diría que es un disco interior.
Pero tiene clara influencias de la música clásica, contemporánea, y de la industrial al estilo Einstürzende Neubauten.
No conozco a Einstürzende Neubauten... Insisto en que los sonidos están dictados por las palabras. Y los sonidos del disco son orgánicos y grabados en directo en el estudio. Hay mucha percusión...
Uno de los instrumentos más impresionantes en Tilt es el órgano de iglesia.
Era un órgano enorme, gigantesco, casi tan grande como un edificio.
Cuando escuchas Tilt una de las cosas que más sorprende es su solemnidad. ¿No te preocupa que la gente pueda asustarse? Sobre todo aquellos que te conocen por tu obra de los años sesenta...
Entiendo que para algunas personas introducirse en Tilt no debe resultar fácil, hay que estar preparado para una experiencia así. Hay que escucharlo varias veces antes de poder penetrar en él. Pero nunca me lo planteé‚ como un disco para tener éxito. Quería hacer el mejor  álbum que me fuera posible hacer. La mayoría de la música pop que se hace ahora me suena toda muy parecida y deseaba hacer algo tan diferente que incluso llegara a sorprenderme a mí mismo. Este disco proviene de un compromiso muy intenso.
¿Cuándo comenzaste a trabajar en él?
Mi contrato no especificaba fecha determinada para entregar un disco, esa es otra condición que no estoy dispuesto a aceptar. Me resulta frustrante estar obligado a grabar algo solo porque así lo indica un pedazo de papel. Y como me pasé casi diez años sin componer nada... Firmé con Fontana en 1991 y comencé a trabajar en el disco el año pasado. La primera canción que salió fue "The Cockfighter". Me costó casi un año completarla.
¿Con qué músicos has contado para el álbum?
Tuve que dar con la gente apropiada. Una vez se estableció una fecha para comenzar la grabación comencé a escuchar discos de otra gente para ver si descubría músicos que encajaran en el proyecto. Al final llamé al productor, ingeniero y arreglista con los que grabé Climate Of Hunter. Con el resto de los músicos contacté a través de John Guitman, el bajista, que también me recomendó a David Rhodes. Fueron apareciendo poco a poco hasta formar el núcleo de una excelente banda. Son gente preparada para trabajar con la intensidad y concentración necesarias para indagar en el alma de las canciones y encontrar lo que buscábamos.
¿Te sientes cómodo ahora que has vuelto a hacer discos?
A veces te encuentras bien y otras no tanto. Soy muy aprensivo a la promoción. He dado algunas entrevistas, unas muy buenas y otras muy estúpidas con gente que llega y te dice, "debes estar loco", y comienzan a indagar en tu pasado intentando descubrir alguna razón que demuestre en qué momento perdí el juicio y decidí grabar un disco como éste. Son posturas bastante reaccionarias. Supongo que es por eso tampoco concedo demasiadas entrevistas.
¿Vas a presentar en directo las canciones de Tilt?
Me gustaría, pero hay que calcularlo bien todo, ya que no es fácil llevar el disco a escena. Me gustaría hacerlo con los músicos del  álbum así que veremos qué ocurre en los próximos meses. Tampoco sé decir si sería una gira o solo unas cuantas actuaciones.



¿Qué te dijeron los directivos de Fontana cuando escucharon Tilt por primera vez?
Cuando eso ocurrió solo había una persona presente, Dave Bates, el director del departamento de A&R en Inglaterra. No te puedo decir qué le pasó por la cabeza cuando le puse el disco, pero su reacción fue muy buena. Cuando me contrató dejamos muy claro que fuera lo que hiciera nunca sería algo rutinario. Creo que le gustó bastante y además, como te decía antes, este es un  álbum que te va gustando más cuanto más lo escuchas.
Es importante que una gran compañía apoye un disco poco convencional y nada comercial que, además, viene firmado por un artista que en el pasado vendió miles de discos.
Es maravilloso. Incluso hemos renovado contrato y quieren que grabe otro álbum, lo cual me encanta, aunque no sé muy bien qué haré. Supongo que tardaré otra década. Ya sabes, la próxima vez que quieras entrevistarme igual ya me he muerto de viejo [ríe].
Espero que no tardes tanto.
Dios, ojalá  que no.
He leído que las bandas actuales que más te interesan son Nine Inch Nails, Portishead y PJ Harvey.
Nine Inch Mails usan samplers y sintetizadores, elementos que yo obvio en mi trabajo. Cuando estaba mezclando Tilt descubrí su nuevo disco [The Downward Spiral], y me gustó cómo aprovechaban el espacio, el sonido, la electrónica. En resumen, me sorprendió ver cómo diseñaban su propio lenguaje. Portishead usan los sintetizadores con mucho gusto; son instrumentos que a mí me aburren y que en sus manos se han convertido en algo sorprendente, adquieren una humanidad inédita hasta ahora.
Existe toda una leyenda construida alrededor de Scott Walker. ¿Cómo la contemplas tú?
No soy demasiado consciente de ella porque apenas leo prensa musical. Sé que hay grupos que proclaman estar influenciados por mí y me parece muy bien, sobre todo porque no se han dedicado a copiar mi trabajo. Han hecho su propia música y en algunos casos es maravillosa. Eso me gusta. He escuchado discos de Marc Almond, Julian Cope, Pulp, Tindersticks; ellos mismos me han enviado sus  álbumes. Tindersticks, por ejemplo, me hicieron llegar su primer disco porque se reconocían como fans míos y querían que escuchara su trabajo. También lo hizo [Neil Hannon] el hombre de The Divine Comedy. Eso te da la oportunidad de conocer cosas nuevas. Es interesante.
En 1981 Julian Cope sacó un recopilatorio de tu obra. Se titulaba Fire In The Sky: The Godlike Genius Of Scott Walker [Fuego en el cielo: La divina genialidad de Scott Walker] ¿Qué te parece el título?
Conozco el disco y el título es ridículo. Una exageración. De todos modos, fue muy amable al tomarse el trabajo de hacer algo así... Eso me supuso cobrar un dinero [ríe]. Ya sabes, con discos como los que yo hago no se gana mucho dinero, así que siempre está  bien llevarse alguna sorpresa de este tipo.
Los hermanos Reid de The Jesus & Mary Chain, me contaron en una entrevista que estaban dispuestos a producirte un disco.
La verdad es que nunca llegué a hablar con ellos. Geoff Travis [director del sello Rough Trade] fue el que me contó sus propósitos. Fue en una época en la que tampoco estaba demasiado interesado en la música. Estaba concentrado en mis estudios de arte. Quizá  en el futuro hagamos algo, parece una posibilidad interesante.



También realizaste sesiones de grabación con Brian Eno que nunca vieron la luz. ¿Qué ocurrió para que quedaran archivadas?
Fue algo posterior a Climate Of Hunter. Virgin presionaba que hiciera un disco más comercial y me propusieron una producción de Eno, una idea que, según ellos, era como un sueño porque pensaban que ambos podíamos hacer una obra muy interesante. La verdad es que la combinación parecía fantástica. Recibí una carta de Brian hablándome del tema; nos reunimos dos años después y decidimos intentarlo. Le pedí seis meses para escribir algunas canciones. Me puse a trabajar y volvimos a reunirnos para empezar a grabar, solo que esta vez Brian apareció con Daniel Lanois, algo con lo que yo no contaba. Daniel está  bien para trabajar en depende qué cosas, pero definitivamente no es la persona con la que yo me metería en un estudio.
¿Fue ese el motivo por el que nunca llegaron a materializarse las sesiones?
Es que sólo duraron tres días. Las cosas no estaban saliendo como yo esperaba. Tan solo hicimos algunos temas. Me reuní con Brian y le dije que no tenía sentido seguir. Pero somos buenos amigos. Hace poco estuve hablando con él, voy a contribuir con algunos diseños de ropa para una exposición que ha organizado con fines caritativos.
También se habló de que David Sylvian, te propuso trabajar con él.
No, no. Me escribió hace unos ocho años proponiéndome que grabara una de sus canciones. El tema era fantástico, pero por aquel entonces no tenía intenciones de meterme en un estudio. De todas formas, llegué a conocerle personalmente y es un tipo que me cae muy bien. Seguimos en contacto.
¿Cuándo empezaste a hacer música?
Digamos que la parte interesante de esa historia llega cuando empiezo a enrolarme en bandas en la universidad, con amigos y compañeros de clase. Yo era bajista y cantaba muy de vez en cuando. Después estuve involucrado en bandas de Los Ángeles que hacían música para adolescentes. Así conocí a John [Maus] Walker, que entonces trabajaba con su hermana, y montamos nuestro propio grupo. Como nos parecíamos mucho decidimos llamarnos los Walker Brothers. Entonces John era el cantante. Nos trasladamos a Londres y firmamos contrato con Mercury. El productor, Nik Venet, quería hacer discos con un sonido a lo Phil Spector. Tenía una balada preparada para nosotros y resultó que mi voz era la que mejor se adecuaba a ella. Así fue como me convertí en cantante.
Es curioso que, teniendo una voz como la tuya, comenzaras a cantar casi por casualidad.
Hasta entonces nunca me había propuesto cantar en serio. También estudiaba arte y no tenía clara mi proyección como músico. Finalmente ambas cosas resultaron incompatibles. Como músico trabajaba hasta las cuatro o las cinco de la madrugada y eso hacía bastante difícil el poder asistir a las clases al día siguiente. Por eso me decidí por la música. Eso hizo que me costara m s centrarme en mi faceta musical, cuestión que resolví cuando llegó el momento de grabar aquella balada.


Cuando se habla de Scott Walker se habla de una voz única en el pop. ¿Qué opinas de esa reputación?
Que la mayoría de la gente se interesa más por el personaje que por sus cualidades artísticas. A la prensa le suele atraer más el morbo y el escándalo que cualquier otra cosa. Periódicos de calidad como The Times sí suelen profundizar en el arte; hace poco estuve en París haciendo promoción y la respuesta fue bastante positiva, estaban más interesados en mi técnica como cantante que en mis supuestos misterios.
En Tilt usas un nuevo registro vocal.
Los críticos de mente perezosa suelen referirse a mí como un crooner. Pero nunca he sido un crooner. Y en las nuevas canciones intenté que la voz no fuera excesivamente personal, quería tomar cierta distancia. Antes de la grabación me dediqué a cantar blues en casa para entrenar mi voz. No me gusta que pueda contener clichés falsos en las inflexiones. Así el resultado final es un hombre cantando, algo tan objetivo como eso, abierto y exento de trucos técnicos... Bueno, si acaso, algo de eco. Ahora ya no podrán decir que soy un crooner, aunque en realidad podría serlo si quisiera, pero no se trata de eso.
Tu modo de cantar ha creado escuela y uno de los casos más obvios es el de David Bowie.
En su último elepé [Black Tie, White Noise]‚ grabó una versión de "Nite flights", y eso está  bien, así veré un dinero extra [ríe]... De verdad que fue una alegría que la grabara. Bowie hizo grandes discos en el pasado. Pero no voy a hacer comentarios sobre la cuestión que planteabas, no quiero problemas...
Tus canciones han sido versionadas por todo tipo de artistas. ¿Cuál es tu favorita?
¿Conoces a The Catherine Wheel? Hicieron una buena versión de "30th Century Man", uno de mis primeros temas. Y Fatima Mansions también hicieron "Nite flites" muy bien.
¿Cuál es tu recuerdo de los días con Walker Brothers?
Los primeros tiempos estuvieron muy bien, cuando sacamos el primer álbum. Después todo se fue al infierno porque todo el mundo alrededor nuestro se volvió avaricioso y las cosas se salieron de madre. Bebíamos mucho, ya sabes... El éxito llegó con demasiada rapidez después de un año y medio en el que habíamos trabajado a nuestro aire y disfrutando mucho. Los medios empezaron a acosarnos, y cuando eres joven eso resulta terrible. Cuando salió el segundo  álbum fui consciente de lo que estaba ocurriendo. Muchas bandas de los sesenta pasaron por esa misma situación. Peleas, rupturas, dinero, drogas... La presión era tremenda. Al principio bastaba con que fuéramos como The Animals, pero después teníamos que resultar asequibles todo el tiempo. Era demasiado.
¿Es cierto que llegasteis a ser más famosos que los Beatles?
Hubo un momento en el que sí, les superamos en popularidad. Teníamos más fans, pero sólo fue durante un año y medio o así.
¿Qué opinión tienes hoy de tus cuatro primeros álbumes en solitario?
Tal y como he venido diciendo en entrevistas recientes, no los oigo porque no los tengo. La razón es que vierto tanto de mí en mis discos que después me cuesta mucho trabajo escucharlos. Woody Allen decía que no podía ver sus películas porque era como cometer incesto. Cuando hago un disco es como proceso de limpieza interior; una vez que el proceso finaliza no quieres ver lo que has extraído de tu interior.
¿Y de discos menos reconocidos, como Scott Walker Sings Songs From His TV Series o Moviegoer?
Después de Scott 4 la discográfica se opuso a que volviera a componer. Mi contrato estipulaba que aún debía entregarles tres  álbumes más así que, para terminarlo cuanto antes, me dediqué a hacer los discos que me exigían. No puedes considerar seriamente esos discos en mi carrera, o al menos, no tienen nada que ver con lo que yo quería hacer como artista.

Con Lulu


Cuando Kurt Cobain se suicidó, ¿llegaste a entender la situación a la que había llegado?
Claro. Quizá  si yo hubiera seguido haciendo discos me habría sentido más cercano a él, pero te aseguro que entiendo cada cosa de la que hablaba. Lo llevó demasiado lejos, esa es la pena. Cuando eres joven y tienes éxito cuesta mucho llegar a juzgar con objetividad tu propio trabajo, las casas de discos te tratan como al resto de sus artistas, y los medios hacen algo parecido, es como si hubiera un sendero preparado por el cual intentan llevarte hagas lo que hagas. Pero cada grupo es diferente de los demás y no puedes tratar a todo el mundo de la misma manera. Hoy las cosas han cambiado, pero sigue siendo muy duro. Por ejemplo, existen los clips y eso implica una presión extra sobre tu imagen. Lo bueno es que las condiciones técnicas para el directo han mejorado mucho, ahora es difícil sonar mal, no como en la época de los Walker Brothers, que el sonido era terrible, no se oía nada.
¿Conoces A Deep Shade Of Blue, la biografía que se ha escrito sobre ti?
- No la he leído. Se publicó antes de que volviera a grabar y no quería que la imagen pública de Scott Walker interfiriera en mi trabajo de ninguna manera, ni para bien ni para mal. También es cierto que los autores acudieron a fuentes de información que en ningún caso eran cercanas a mí. Hablaron con mucha gente con la que tuve relaciones lejanas o muy superficiales. Cada vez que contactaban con algún familiar o amigo, éste me telefoneaba para tantear mi opinión sobre su posible participación, y como a todos les dije que no me agradaba la idea, lógicamente nadie quiso participar.
¿Crees que el Scott Walker de 1995 anulará  al fin su propia leyenda?
Espero que sí porque Tilt no posee conexión alguna con el pasado ni con mi imagen anterior. Soy consciente de que mucha gente espera ese Scott Walker de baladas profundas, melódico, y eso ya no es factible, hace años que no practico esa música. Creo que la prensa ha colaborado mucho para que se anteponga siempre mi imagen pública a mis intenciones creativas. La prensa seria acepta mi estilo, y si este resulta complejo, al menos intentan comprenderlo.
Imagina que tienes delante de ti una persona que no conoce tu trabajo anterior; le das una copia de Tilt, ¿qué consejo le darías antes de que se ponga a escucharlo?
Le diría: ¡Buena suerte! [ríe] Ahora en serio, le diría que lo intentase, que se dejase llevar por el instinto.


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