martes, 22 de abril de 2014

Hablando con Arto Lindsay





El último álbum como solista de Arto Lindsay apareció hace ya diez años, y aunque es fácil verle en los créditos de los discos de otros músicos, echo de menos un álbum completamente suyo y de canciones. Internet ha alterado tanto la relación que tenemos con la música pop que nunca dejas de asombrarte al ver cómo la perspectiva sobre ciertas figuras se va alterando a medida que tenemos más información sobre ellas. Arto Lindsay entra en ese grupo. Es un auténtico pionero en muchos aspectos, pero creo que su importancia no ha sido aún puesta en valor. Muchas veces me pregunto si David Byrne no se inspiraría en él cuando empezó a transitar hacia los ritmos afroamericanos. Esta entrevista, publicada en 1996 en Tentaciones da pie a pensar en esa y otras cosas que tienen que ver con la importancia de llamarse Arto Lindsay.




Arto Lindsay tiene dos personalidades musicales. Una es ruidosa, típica de la vanguardia neoyorquina; la viene cultivando desde mediados de los setenta con bandas como DNA, trío que desmanteló los esquemas del rock con un estilo cataclísmico, arquetipo del caos eléctrico popularizado años después por Sonic Youth. En cuanto a la otra faceta, es sensual, cálida, consecuencia directa de media vida vivida en Brasil y lleva los cromosomas de la bossa nova.
"Ambas tendencias han convivido de una u otra forma en casi todos mis discos", comenta el guitarrista y cantante, que también ha ejercido como productor de Caetano Veloso, Marisa Monte y Carlinhos Brown y cuya lista de colaboraciones incluye trabajos con Laurie Anderson, Love Of Life Orchestra, Golden Palominos, Don King, John Zorn o Ryuichi Sakamoto. Fue este último quien le retó a hacer "un disco tranquilo, de baladas, para publicarlo en su discográfica. Y yo le entregué O corpo sutil, mi álbum de bossa nova, una obra en la que conseguí aislar mi vena ruidosa y centrarme en mis raíces brasileñas, lo cual no me resultó nada fácil".




Hijo de un misionero, Arto pasó los primeros 20 años de su existencia en el norte de Brasil. "Las influencias estaban ya presentes en mi trabajo en DNA, lo que ocurre es que fue un grupo de vida corta e inexistente fuera de los clubes neoyorquinos". Su obra de estudio se reduce a un single, un maxi y cuatro temas incluidos en el disco colectivo No New York, producido por Eno en 1978, y que forman una discografía tan breve como violenta. "Por lo que muy poca gente sabe que en discos como A Taste Of DNA (1980) se detectan claramente raíces brasileñas". Adscrita en la llamada no wave, junto a bandas como Contortions y Mars, DNA firmaron la defunción definitiva del punk neoyorquino y escribieron el prólogo al noise rock que Swans, Pussy Galore o Sonic Youth instauraron a mediados de los ochenta sin que -todo hay que decirlo- ninguno de ellos lograra superar las cotas de caos y osadía sónica promovidas por aquellas bandas kamikaze que terminaron implosionando en el corazón del Downtown neoyorquino.


DNA: Ikue Mori, Lindsay y Robin L. Crutchfield


Prototipo de músico intelectual, la trayectoria de Lindsay sólo se puede comparar, tanto en lo referente a radio de acción como en longevidad, a la de su amigo David Byrne, cuyos discos también ha producido. "En realidad somos personalidades muy diferentes. El interés de David por la música no norteamericana es francamente encomiable, pero, aunque no lo parezca los motivos que le acercaron a ella son diferentes a los míos. Mis raíces musicales son brasileñas y anglosajonas; yo hago música brasileña y él incorpora elementos musicales de muchos otros países latinos. Lo mío es algo natural, lo suyo es algo adquirido con el tiempo. David no sólo absorbe influencias sino que edita también discos de esos artistas. Precisamente ahora estoy ultimando un proyecto para Luaka Bop, su discográfica. He producido a un músico angoleño afincado en Lisboa, Waldemar Bastos".




Brasil sigue encontrándose en su itinerario inmediato. "Tengo que grabar percusiones para mi próximo disco. Seguirá la línea de O corpo sutil aunque será más rítmico. Por eso viajaré hasta Bahía, donde registraré percusiones con músicos que conocí con Carlinhos Brown. Allí puedes encontrar percusiones que pueden contarse entre las más poderosas del planeta. El problema es capturar bien ese sonido. Grupos como Olodum se resienten de ello, sus grabaciones no hacen justicia a como suenan en directo". Lindsay asegura que Bahía es una de las más interesantes canteras musicales que puedan detectarse ahora mismo. "Parte de ese fenómeno tiene que ver con las escuelas de samba y con la gran cantidad de músicos que viven allí, creando e intercambiando ideas. No me extrañaría que allí surgiera un nuevo movimiento que termine influenciando al pop anglosajón. Hacer algo nuevo hoy en día es difícil. Hay muy pocas tendencias que se desarrollen en su entorno, aisladas de los media. El último ejemplo es el del jungle, no tuvo tiempo a evolucionar por sí mismo, fue descubierto y comercializado antes de que esto ocurriera".




Entre sus proyectos inmediatos, y con su lado ruidoso también satisfecho recientemente con el disco Aggregates 1-26, consistente en temas breves y catárticos, está el volver a trabajar con Peter Scherer, con el cual plasmó sus primeras inquietudes de mestizaje entre pop, ruido y bossa nova, firmando como Ambitious Lovers. Con Caetano Veloso no  tiene proyectado volver al estudio a corto plazo, aunque sí han grabado sólo algunas composiciones juntos, como la incluida en O corpo sutil. También traducirá al inglés un libro sobre el tropicalismo escrito por Veloso [Verdade Tropical, 1997]. "Quisiera que se difundiera más la riqueza creativa y artística reinante en Brasil durante aquellos años que marcaron mi adolescencia. Caetano, el tropicalismo, Jobim... fueron más importantes para mí que los Beatles o Hendrix. Cuando me instalé en Nueva York en los setenta me di cuenta de que muchas de las ideas que allí estaban consideradas como novedosas u originales habían sido puestas en práctica en Brasil diez años antes".



No hay comentarios:

Publicar un comentario