martes, 8 de abril de 2014

El libro de Andy Warhol y William Burroughs


Burroughs y Joe Strumme en el Búnker. Foto: Víctor Bockris



Hace unos meses entrevisté a Víctor Bockris por correo electrónico con motivo de la edición del libro El affaire de Burroughs y Warhol. La entrevista se publicó en Babelia en febrero de 2014. Esta es la versión completa del texto:

“El pasado es predominantemente invención de los vivos”, aseveró William S. Burroughs, acuñando otra de sus sentencias, a medio camino entre la poesía y la filosofía, como aquella que Laurie Anderson convirtió en canción y que aseguraba que el lenguaje es un virus del espacio exterior. Sobre el pasado y la historia de algunas grandes figuras culturales del siglo XX sabe mucho Víctor Bockris (Londres, 1949), periodista y escritor que ha formado parte de la escena artística neoyorquina de los años 70 y 80, ejerciendo como colaborador y cronista de algunas de sus principales figuras. Fundó en 1971 Telegraph Books, pequeña editorial en la que publicaron Patti Smith, Gerard Malanga y Andrew Wylie, socio suyo en aquella empresa, poderoso agente literario en la actualidad; escribió en la revista Interview de Warhol y después trabajó para el propio Burroughs. Todo ese cúmulo de experiencia e información ha generado varios libros, casi todos ellos de carácter biográfico, algunos imprescindibles al ser los primeros en retratar y explicar a fondo nombres y figuras como las de The Velvet Underground, Andy Warhol, Blondie, John Cale o Keith Richards. Si el pasado es predominantemente invención de los vivos, entonces Bockris es uno de sus más afortunados y fascinantes inventores. Su estratégica situación sigue dando frutos editoriales. El último de ellos, El affaire de Burroughs y Warhol, es el testimonio periodístico y gráfico de las conversaciones entre ambos talentos.




Ginsberg, Smith y Burroughs


“Mi primer encuentro con Burroughs tuvo lugar en 1974, cuando regresó de su autoexilio londinense y se instaló en Nueva York, coincidiendo con la nueva etapa que marcaba la renuncia como presidente de Richard Nixon”, cuenta Bockris desde Nueva York a través de un correo electrónico. “Es cierto que podía resultar muy intimidante si no lo conocías, pero he de decir que, junto con Andy Warhol, fue una de las personas más dulces y sensibles que he conocido. No tuve oportunidad de tratarle a fondo hasta 1979, cuando empecé a trabajar con él, cosa que hice hasta que en 1981 se mudó a Kansas”.  A Warhol lo entrevistó en la Factory de Union Square, en 1973. “Comencé a trabajar como articulista freelance para Interview en 1977. Me despidieron unos años más tarde por tener un contacto demasiado físico con él. Salíamos de una fiesta y yo buscaba deshacerme de una chica que me perseguía. Intenté desesperadamente que Andy se metiera en la limusina y me gritó: “¡Víctor, deja de agarrarme!” Al día siguiente mi nombre desapareció de la mancheta de la revista”. En el tiempo que pasó escribiendo para la publicación asimiló la que sin duda es una de las facetas más ricas y menos conocidas del opus warholiano: la entrevista. El artista, que solía registrar cualquier charla con su omnipresente grabadora, refinó esta disciplina como entrevistado (una faceta que puede analizarse en el libro Andy Warhol. Entrevistas, Blackie Books, 2010), pero también como entrevistador, especialmente a través de Interview y de las conversaciones que en ella se publicaron con personajes como Mick Jagger, Yoko Ono, Julian Schnabel… “Yo contemplo la entrevista como una forma de arte y creo que Warhol fue quien más hizo para que este formato evolucionara a lo largo de los años 60 y 70”. La entrevista planteada casi como una charla improvisada en la que la pregunta más banal abre puertas inesperadas, entendida como punto de encuentro y colaboración entre dos o más voces,  es la estrategia que Warhol siguió instintivamente. Con El affaire de Burroughs y Warhol, Bockris recoge de nuevo ese testigo. “Al principio hubo cierto recelo por ambas partes a la hora de juntarlos, pero no tardaron en descubrir sus afinidades, por eso hubo más citas. Eran dos críticos subversivos”.


Jagger, Burroughs, Warhol. Foto: Victor Bockris


Su vínculo laboral con Burroughs surgió tras participar en la organización del festival The Nova Convention “Fue un homenaje colectivo al Rey de los Beats, y tuvo un éxito mucho más allá de lo esperado. Ese triunfo ayudó a establecer a Burroughs como indiscutible rey del underground. También fue el primer cruce entre las generaciones beat y punk, y sin duda fue el adelanto lo que terminó siendo el último gran periodo contracultural. Todas aquellas actuaciones celebraban su aportación a nuestra cultura, el legado de un contemporáneo de Al Capone y Gary Cooper pero que también había probado drogas con Kerouac en Méjico para terminar convirtiéndose en uno de los más grandes escritores desde Joyce.  Aquel evento anunció que Burroughs estaba de nuevo en América”. The Nova Convention fue  una reverencia al escritor escenificada en Nueva York en diciembre de 1978, por  Frank Zappa, Terry Southern, Philip Glass, Peter Orlovsky, Ed Sanders, John Cage y otros artistas y escritores, todos reunidos en un mismo cartel por esta causa. A continuación, Bockris pasó a ser una de las presencias habituales del Búnker, el cuartel general que el escritor estableció en el barrio del Bowery, muy cerca del CBGB y de los punks neoyorquinos que tanto le debían sin saberlo. “Era un piso que carecía de ventanas porque antes había sido el vestuario de un gimnasio. Hasta entonces, el término búnker servía únicamente para denominar el escondite de Hitler. Burroughs no tenía problemas en subvertir cierta imaginería. Pero en realidad, ese nombre era el símbolo de su resistencia. Tenía una visión castrense de su situación en el campo cultural. Todo lo que hacía era como una misión y la única manera de mantenerse conectado a alguien así es colaborar en esa misión. Decía que había que defender el búnker a toda costa. Eso habla de su lugar en la cultura americana porque aquí, al contrario que en Europa, no se le empezó a reconocer hasta finales de los 70”.



Burroughs, Basquiat, Harry


En el búnker tuvieron lugar encuentros con Joe Strummer, Tennesee Williams, Susan Sontag, Richard Hell, Debbie Harry y muchos otros nombres. Extractos de varias de aquellas conversaciones aparecieron en 1981 bajo el título Con William Burroughs. Conversaciones privadas con un genio moderno (editado en 1998 en España por Alba Editorial). Un libro que fue la genuina semilla de El affaire de Burroughs y Warhol, transcripción completa de las charlas surgidas a lo largo de tres reuniones. “Este libro estuvo en mi cabeza durante años, comencé a escribirlo cuando ya trabajaba en Con William Burroughs, pero fue un trabajo extrañamente esquivo porque tuve que esperar a que se convirtiera en una charla entre fantasmas, cuando ambos ya habían fallecido. Warhol fue siempre muy generoso y me hizo un gran regalo cenando con William y conmigo para que grabara el encuentro. Hubo dos cenas más, posteriores a Con William Burroughs y fue cuando descubrí que tenía otro libro entre las manos, pero no tenía sentido sacarlo después de éste. Uno de mis objetivos es mostrar que Burroughs fue tan decisivo como Warhol en el cine, el rock y el modo de vida de finales del siglo XX”.

Burroughs y Susan Sontag. Foto: Gerard Malanga


El vínculo entre Burroughs y Warhol no es más que una de las puntas de ese lío de madejas históricas que nos lleva de uno a otro de los creadores sobre cuyo pasado ha escrito Bockris. A pesar de que firmó con Gerard Malanga la primera biografía sobre Velvet Underground, opina que treinta años después aún sigue pendiente la historia definitiva. “White Light / White Heat. The Velvet Underground Day By Day [el último libro al respecto, escrito por Riche Unterberger] es una fuente de información  fabulosa pero el grupo merece un biógrafo más poético para hacerles justicia”. En 1990 publicó una biografía sobre Warhol. De la que le dedicó a Lou Reed (Transformer. The Lou Reed Story, 1995) prepara una actualización que abarque los últimos 20 años del artista, periodo en el que Laurie Anderson jugó un papel esencial. “Es fascinante el modo en que se influyeron mutuamente, su relación es un modelo de colaboración crónica con matrimonio incluido. Laurie hizo aflorar el lado romántico de Lou que yo conocí a principios de los 70”. Una revisión necesaria, ya que la versión original dejaba un pésimo sabor de boca acerca del perfil humano de Reed, basándose siempre en la falta de estabilidad del músico, algo que su relación con Andersón cambió. Patti Smith tampoco autorizó la biografía que el periodista escribió sobre ella, a pesar de que éste fue uno de sus primeros editores;  Bockris también fue implacable en algunos pasajes del texto. “Las estrellas del rock han de hacer como que detestan a quienes escriben sobre ellas. Ella quería escribir su propio libro y es lo que acabó haciendo”, justifica el autor, que también apunta que otra de sus semblanzas, Keith Richards, The Biography (1992), inspiró Vida (Global Rhythm, 2010), las memorias del guitarra. “Lo brillante de su libro es que decide contar una vez más las historias legendarias pero esta vez el ritmo lo lleva su voz narradora. Es posible que su coautor, James Fox, haya sido tan importante como él a la hora de redactarlo. Mi libro cuenta mucho más que el de Keith y también aborda algunos conflictos que él ignora en el suyo, aunque sí se centra en los mismos personajes que yo elegí para mi biografía”. Burroughs no erró: el pasado es predominantemente invención de los vivos. 

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