miércoles, 26 de febrero de 2014

La historia de "Je t'aime..moi non plus"




Coincidiendo con el 40 aniversario de "Je tàime... moi non plus", GQ me encargó un artículo sobre la canción y su historia que se publicó en el número de febrero de 2014 de la revista y cuyo texto reproduzco aquí abajo.

Una noche a finales de 1968, Serge Gainsbourg irrumpió en el hotel parisino en el que vivía con Jane Birkin. Fue hasta el restaurante y le pidió al pianista que reprodujera el acetato que llevaba consigo. El hombre siguió sus instrucciones. Un momento después, una canción se apoderó del restaurante, dejando atónitos a todos y cada uno de los comensales, que no daban crédito a lo que estaban escuchando: una opulenta balada de amor de aire casi religioso, surcada por jadeos orgásmicos. Cuando vio aquellas caras, Gainsbourg supo que Je t’aime... moi non plus iba a ser un éxito. No estaba equivocado, aunque a decir verdad, la canción estaba destinada a convertirse en mucho más que un superventas.



Gainsbourg llevaba años componiendo éxitos para otros artistas, mujeres casi todas ellas, de Nana Mouskouri a Petula Cark pasando por Juliette Greco. Pero lo que de verdad deseaba era convertirse él en la estrella. En 1967 conoció a la exuberante Brigitte Bardot, cuyo matrimonio con Gunter Sachs se hallaba en crisis. Ella le pidió que le escribiera una canción de amor y él correspondió a sus deseos con Je t’aime… Los medios de comunicación, conscientes del morbo que rodeaba al romance entre el crápula Gainsbourg y la sensual Bardot, husmearon a fondo hasta descubrir la canción antes de que pudiera ver la luz. El señor Sachs puso el grito en el cielo y Bardot suplicó que aquella celebración erótica, plagada de suspiros, no se publicara nunca. Gainsbourg accedió. El idilio terminó poco después.


Gainsbourg y Birkin vestidos por Nino Cerruti


Jane Birkin llegó a París en pleno Mayo del 68 para rodar una película llamada Slogan. Nacida en Inglaterra hija de una actriz y un espía, a sus 20 años ya tenía en su haber películas con Richard Lester y junto a Warren Beatty. La popularidad le había llegado al intervenir en Blow- Up y convertirse, bajo las órdenes de Antonioni, en la primera intérprete con desnudo frontal en una película comercial. Su pareja coprotagonista en Slogan era Gainsbourg, con el que le costó conectar. Él había pedido a Marisa Berenson para el papel, y aquella jovencita contratada en su lugar ni siquiera sabía francés. El rodaje fue tumultuoso a causa de las revueltas callejeras que recorrían la ciudad. Cuando el Porsche del director ardió en la calle, se decidió que lo más seguro era devolver a Birkin a Londres. Ella se marchó sabiendo que volvería solo por seguir viendo a Gainsbourg.




Tras la ruptura con la Bardot, Gainsbourg había estado ligando con toda mujer que se le puso por delante. Para sacarse la espina, quería volver a grabar Je t’aime… Se lo propuso a Mireille Darc y a Marianne Faithfull, pero ambas se negaron. “Era increíblemente atractivo –contaría Faithfull en 2001-. Un feo muy bello. Extremadamente arrogante y muy sexual. Era esa clase de hombre que una sabía que, si se acostaba con él, iba a salir de la habitación bien complacida.  No sé bien por qué rechacé cantar la canción.  Digamos que, para mi vergüenza, fue porque mi romance con Mick Jagger estaba empezando y aquello no le habría gustado”. Cuando Birkin regresó a París, se lo propuso a ella. Al principio se negó porque la versión original le parecía inmejorable. Gainsbourg la llevó a cenar a Régine’s, al club Rasputín, la paseó por el París más golfo. Vieron amanecer en un mercado, repartiendo champán a los carniceros que abrían los puestos. Finalmente, Birkin accedió. Él tenía 40 años y ella 22.


Serge y Jane vestidos de Paco Rabanne

Grabaron la canción en un estudio londinense. “Le gustaba trabajar con mujeres, especialmente con actrices –declaró Birkin después-, porque así podía dirigirlas. Hacerlas cantar muy cerca del micrófono, que susurraran. Le parecía más atractivo hacer que una bella actriz cantara que hacerlo con cantantes con voces bonitas”. Y eso fue lo que Serge hizo con Jane, dirigirla. Cuando la canción se publicó meses después se especuló con todo tipo de historias, como que los jadeos se habían registrado con grabadoras colocadas bajo la cama de la pareja. Nada de eso era cierto. Cada uno de ellos grabó su parte vocal en una cabina separada de la otra. Birkin siempre recuerda cómo Gainsbourg la dirigía para que no sobreactuara con los suspiros y, sobre todo, para que no olvidara que, tras uno de ellos, tenía que empezar a cantar en un tono muy alto.


Je t’aime… se publicó en febrero de 1969 y provocó una reacción en cadena. España, Brasil, Suiza, Portugal y otros países la prohibieron. El Vaticano excomulgó al ejecutivo de la discográfica que sacó el single en Italia. En Inglaterra fue prohibida por la BBC, que solo radiaba la versión instrumental. Así y todo, llegó al primer puesto de las listas de venta británicas, convirtiéndose en la primera canción en otro idioma que conseguía tal proeza en Inglaterra. El escándalo se convirtió en la mejor promoción del single, que actualmente lleva vendidas seis millones de copias en todo el mundo. Más complicado sería contabilizar los bebés que fueron concebidos por culpa de la canción durante aquel 1969. Gainsbourg y Birkin, posando irreverentes, vestidos de Cerruti o de Rabanne, ella siempre provocativa, él con aspecto de sátiro, rivalizaron con la pareja Lennon-Yoko a la hora de crear polémica. El cambio social, cultural y político que había surcado los 60 llegaba a su fin y aquel  gran orgasmo orquestal, “la canción más pura” que su autor aseguraba haber escrito, escandalizaba y excitaba a Occidente a partes iguales. Gainsbourg había logrado su objetivo: ya era una estrella. Más que eso, había colaborado con la única revolución que parecía importarle, la sexual, pulverizando un tabú más en la música pop. A partir de entonces, la pareja siguió su historia de amor y arte, convirtiéndose en el equivalente del tándem Taylor-Burton. Cuando se separaron definitivamente en 1981, la imagen de ambos ya era un icono imborrable de la era pop. En cuanto a que Je t’aime, moi non plus, ninguna otra canción en la historia ha superado su marca sexual ni ha sido más explícita y a la vez más bella.

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